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- 206 - ~~@.~@.@.-S;-@..:.S:,,:.S..@.~ diese sepl 1 ltura á la entrada de la puer- su sepultura. ta de la Iglesia, para que cuantos en ella entraren pisasen sus cenizas y abatiesen su soberbia; lo que se ejecutó puntual– mente, porque nuestro Rmo. mandó que á nada de cuanto el venerable difunto hubiese mandado ejecutar se faltase. Tal fué el concepto que su Rma. había formado de él. Sintióse en toda Andalu– cía la temprana muerte de nuestro Pre– lado, llorándola t0dos como pérdida universal, siendo de todos el único con– suelo considerar que, siendo Dios infali– ble en sus promesas, y teniendo S. M. prometida la corona de la gloria al que fielmente peleare y venciere, la estaría ya gozándo nuestro Venerable Padre. CAPÍTULO XXXI De algunas apariciones del siervo de Dios v prodigios que se le c1tribuven N o quiso Dios que la estimación y crédito de las virtudes de su siervo estribasen solo en el aprecio de los hom– bres, sino que se confirmasen con sobe– ranos testimonios, como lo fueron las varias apariciones que hizo á distintas , personas después de su. dichoso tránRito. Prod~gLos que La primera fué á un gran devoto de la obró . Orden llamado Antonio de Acosta, que.
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