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- 202 - cio, que tantos milagros hizo mientras vivió y después de muerto, no alcanzó El . del Señor que le diese salud á nuestro og1os que p . . l Id 2 ~') de él hicieron rov1ncl8 . ( . D6 . Llegó el día señalado para la función del Capítulo, y juntos en la sala capitu– lar, antes de proceder á las elecciones, se leyó públicamente la renuncia que de su oficio envió nuestro P. Fulgencio, pues, aunque los Padres todos le babían instado no la hiciese, porque hasta que muriera querían tenerlo por Prelado, no lo pudieron conseguir. El Rmo. hizo entonces al capítulo una plática, como suya, llena de sabiduría y espíritu de Dios; y entre otras cosas que en elogio de nuestro Provincial dijo, fué, que no había hallado un fraile que hubiese ha– blado mal de él, obra digna de la mayor admiración. Hiciéronse las elecciones, y con todos los votos salió reelegido Pro vincial nmstro P. Fulgencio. Acabado este acto fueron todos los vocales en procesión á la celdtt de nues– tro enfermo, y poniéndole el Rmo. Pa– dre General en sus manos el sello de la Provincia, ilPgó todo el Capítulo á b0- sarle la mano, tribut:1ndole obediencia. Mostróse nuestro enfermo muy agrade– cido á todos, pero con nrncha humildad significó que él no merecía aquel em– pleo, ni Dios quería que lo tuviese, pues L l . estaba muy oróximo va á la se¡m!tura; o 1·ee 1gen , . t .; Provincial. y fue tan cierto, que á las cuarenta y ocho horas se le celebraron las funera– les exequias. Fué por instantes agra-
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