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-192 - ~.:s.--si.:s.-.:s.-~.:.s.,.:.__s:-~.:s.-.:.s:-'-..9 r;olo para temporal alivio, sino también su carirlad para su esp:ritual consuelo. A todos los exhortaba á la conformidad en rn pade– cer, y en pláticas fervorosa;, que l6s ha– da, los alentaba y fortalecía, de modo, que los dejaba sumamente consolados. Lo mismo á proporción ejecutaba con bs sanos; y así todos hallaban en él el consuelo que necesitaban. Al que como hombre había cometido algún defecto, con suma caridad é igual prudencia lo reprendía, y aunque la reincidencia ó la gravedad del defecto necesitase impo– nerle algún castigo, sabía aplicar la me– dicina sin que al paciente le causase más dolor el modo de curarlo que el cauterio; cosa que solo sabe ejecutar aquel que tiene á la misericordia de Dios y á la justicia por regla y nivel de sus operaciones. Y como nuestro Fray Fulgencio, :mando se veía precisado á mortifiear á slguno, 110 intentaba otra eosa que castigar el delito y no al sugeto, al primero lo trataba eon rigor y con dulzura al segundo, y así pudo ganarlos á todos, ha~iéndoles que conociesen sus yerros y se enmendasen. Con estos modos se granjeó los crédi– tos de uu perfecto Prela<io; todos le te– mían y tod,)s le amaban, porquP mez– claba lo dulce y cariñoso con lo justicie– ro, de suerte que ni era tan duro que tocase en r~goroso, ni taG benígn() que fa' tase á 12 severidad del castigo en Su prudencia.quien lo mBreciese. Fué á la verdad ver– dadero Prelado; pero, ¿cómo nó lo ha-
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