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- 185 - vió su rostro triste, ni menos grato, aún cuandc el maestro por probarlo lo mor- Sus fervores. tifieaba severo en presencia de toda la comun:dad y de Noviciado, pues, aun- que lo capitulase defectuoso, impután- dole los mayores defectos, é imponién- dole pcJnitencias graves, las sufría con serenidad tanta y con tan placentero sembla:::ite como antes; pues todas se las hacían suaves y fáciles de ejecutar dos cosas; uno el bajísimo concepto en que se tcnfo, creyendo que por ingrato á la liberalidad con que Dios lo favorecía era digno de los más severos castigos; y otra la actividad del fuego del amor divino que lo alentaba. Llegó el día 9 de Octnbre del año de 1626 y en él hizo su profesión solemne en man::is del mismo que le había dado el hábito, lo que se ejecutó con univer– sos aplausos y común complacencia <le los religiosos. Su maestro, conociendo cuán in::portante era que un sujeto de tan heroicas virtudes se mantuviese en el noviciado, para que la eficacia de su ejemplo a!entar:;e á l,)s novieios en la observa:.1cia <le lo que él les ensefl.aba; habló al M. R. P. Comisario para que lo dejase allí, y se le otorgó lo que pe– día. Alf perseveró hasta el día 10 de Mayo de 1627, que se celebró capítulo en el cual se decretó que el Noviciado que estaba en Granada pasase al con– vento <le Antequera, y nombraron al H V. P. Fr. José de AntAquera, maestro fe :f.sn ~u pro– de novicios y Guardián de aqueila ca- 24-

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