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CAPÍTULO XXVII Toma el l1ábito capucl1ino, profeso en nuestra orden v sus primeros empleos en ella. onociendo los RR. PP. de la Com– pafiía la profundidad de talentos de Su vocación. nuestro Lucas y la solidéz de sus virtu• des, le tocaron algunas veces sobre la elección de ostado; pero aunque siempre estuvo en el firme dictámen de tomat· el de religioso, nunca contestó á lo que le preguntaban, especificando el institu– to á que se inclinaba; pero en su inte• rior se había propuesto solicitar que lo recibiesen en los Capuchinos; porque como su prudencia le dictaba, era justo examinar con séria reflexión resolución semejante: para tomarla consultó con Dios en la oración la que debía ejecutar pidiéndole humildemente le dictase lo que fuese más de su santísimo agrado. Mucho tiempo estuvo repitiendo estas mismas súplicas, y un día en que más cou:fuso se hallaba, al verse tan perplejo, y sin acertar por fin á deliberarse; se sintió interiormente movido á peair en• tre los Capuchinos el hábito, lo que sin demora ejecutó muy luego. Era enton- Pide alJ:i,ábito ces Comisario general de los Capuchi· Capuchino, , nos N. M. R. y V. P. Fr. Agustm de Granada, quien para probar la vocación

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