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- 179 --- nifios de su edad formaba procesiones, rezando el Padre Nuestro, el Ave María su niñez y las Letanías de Nuestra Señora, lo que aprendió muy en breve. Cuando no ha- llaba nifios que lo acompafiasen en es- tas ocupaciones, solicitaba que la gentl:l de la :familia supliese la falta de los de sn t>dad; y más de una vez sucedió que, al verse solo sin tener con quien', hacer sus procesiones,entrabaen el estrado don- de estaban con su madre algunas seño- ras, y les decía se levantasen para ir con él al Rosario, lo que ejecutaban con ad– miración, de ver á un niño tan pequeño con la formalidad que habluba y la de- voción que sus palabras infundían, pues, luego que acababa la procesión se snbía en una silla y desde allí predicaba con asombro de cuantos le oían. Pusieronle á la escuela y en pocos afios supo leer y escribir, excediendo á todos los que á ello concurrían. Después lo pusieron á estudiar latín y lo aprendió á la perfección. El tiempo que le sobra– ba, y otros lo empleaban en diversiones tal vez no muy ajustadas á las divinas leyes, él lo gastaba en visitar Iglesias y en castigar su cuerpo con ásperas disci– plinas. Y para que la carne no se le revelase la domaba con durísimos cilicios. Ayu– naba aun desde aquella edad todas las vigilias del afio y la Cuaresma toda, porque se ensayaba en los ejercicios Su juventud santos que había de practicar después. Su andar no era como de nifio ni de jo•
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