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Las 5 llagas del Señor Lunes-Martes: 13-14 Dic. 1993: CAPELLA– NIA EN EL HOSPITAL. D e nuevo me encamino para mi jornada en el Hospital, en mi servicio de 24 horas de 9 a 9 de la mañana. Así con los compromisos por delante, a sol y sombra, a lluvia y sequía, a calor y a sopladedos... Los cielos nos amanecen por lo alto de color y de techo panza de burra. Esas nubes son de mal presagio y feo color. Seguro que hoy nos llueve como para siempre... y me santiguo con el pensamiento... A las 9 de la mañana tomaba el relevo y me ponía al corriente de la situación. Son las 9'45 cuando por el «busca» me llaman para la habitación 316-C. Una abuelita de 94 años entraba en la luz total y en la vida plena. Los familiares aceptan la situación como algo que se había completado. Con la pena serena por el ser querido que había agotado hasta la última gota de vida... Una paz y una conformidad, que se hacían aceptación. Rezamos en una acción de gracias por toda una vida y la entrega al Padre. Una vida de 94 años es purificadora, redentora y absolutoria, completada en «gloria» ... El tiempo no es un campo que se mida por metros; no es un mar que se mida por millas; es el latido de un corazón. Un corazón que durante 94 años, es sístole y diástole es del Señor por derechos de Autor y Administración divina. Es una pertenencia recíproca... Desde la UCI me reclaman a las 2 de la tarde. Los médicos hablan entre ellos de la situación y operación inmediata, urgente. Yo hablo con los familiares. Mientras lo preparan le administro la Santa Unción. Y se lo llevan para el quirófano. La enfermedad parece tenerle casi derrotado y puede difuntearse en cualquier momen– to. Y pienso que hasta Dios se ha dispuesto para la acogida paternal. A las 2'30 es una señora quien se despide hacia la eternidad. Ya la había sacramentado y llevado la comunión hace días. Su hija tiene el rostro devastado por las lágrimas. Llora amargamente sobre los 86 años de su madre. Pero una madre no tiene edad y por eso conserva todas las razones para llorarla siempre. Es, la madre, el mejor regalo de Dios que se puede recibir en nuestros humanos caminos. Ella siempre será una madre contínua. No le basta parir al hijo, lo acompaña hasta que la muerte los separa. 195

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