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TENTATIVAS DE LA TELEVISION RELIGIOSA He aquí algunas sugerencias de «cuñas» religiosas para la televisión, en las que se mezclan el sentido espiritual y el valor de la «secularización» de la vida inmediata. Amanece en la granja. Hombres, árboles, animales y flores se abren a la importancia reiterada de vivir. Esta importancia se redondea, por medio del silencio, de la música y de la imagen con la presencia invisible e im– palable de Dios. Gradaciones y fundidos a propósito ... El ama de casa anda en sus trajines. Apenas hay sino máquinas domésticas y «ella». Se cansa, sin embargo. Quiere a su esposo, a sus hijos, la manguera del jardín, y sueña en las vacaciones que se avecinan. Es saludable, es limpia, es honrada, corriente. En el trasfondo, la luz vela... Ha habido un accidente en la autopista. En el suelo hay un cadáver cubierto con una gabardina. En las camillas, dos heridos que serán llevados de urgencia en la ambulancia, que ulula cerca. Un niño sangra en brazos de un viajero indemne. Un policía toma notas. El reportero impasible acerca su micrófono a los heridos para dar en vivo la noticia a los televidentes. Las cámaras toman sus ángulos. Hay dolor, curiosidad, misterio, triste protesta humana, resignación y providencia. Al fondo una iglesia, que se viene a primer plano, recuerda sin palabras el sentido, algún sentido, al menos el de unas flores artificiales en un campo, el pie de un hombre, que pretenden alargar la vida y darle un rumbo hacia otra: Una flor, no-me-olvides ... Un perfume espabila el ensueño, la sensibilidad, la sugerencia peligrosa, el relajamiento, la serenidad o el embrujo. Es bello el frasco, ten– tador el nombre e insinuante el perfil, la mirada y la voz femenina. El hom– bre quiebra su resistencia elegantemente. Va a triunfar el amor. Acaso tam– bién el Sacramento ... Otra de estas visualizaciones breves presenta la conocida estampa de un cristiano ante los leones del Coliseo romano. El pie dice: «Si eres cristiano no te quedes en espectador deportivo. Hay que hacer algo más». En las reuniones de los Obispos católicos sobre tales temas, se con– sideraron los puntos de vista de los representantes de otros grupos religiosos, observadores. Un clérigo episcopaliano, director de radio afirma que no hay inconveniente en introducir mensajes y toques espirituales, aún en medio de una reunión social. Todo depende de la mesura, oportunidad y arte con que se haga. Prácticamente no se hicieron objeciones al plan de los mensajes religiosos que se pudieran entreverar con los reclamos de cereales para el desayuno de los atletas, de las pastas de dientes que alardean de in– citantes y de los detergentes biológicos que serenas amas de casa -en realidad estrellas medio jubiladas de Hollywood- dicen emplear con éxito en sus coladas. De hecho es imposible separar, sino muy discretamente, lo 434

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