BCCCAP00000000000000000000550

reparamos en el otro fenómeno que afecta a muchos católicos de la mayoría silenciosa. Analizadores religiosos de la conciencia popular cristiana hacen constar con frecuencia que la misma prensa católica es la más responsable de la desunión, confusionismo, incertidumbres y desorientaciones de los fieles actuales. La buena prensa católica está olvidando su misión primaria de difundir «la buena nueva» contenida en el Evangelio y en la enseftanza de la Iglesia, y se empefta en competir en frivolidad supuesto interés por la ac– tualidad con la otra prensa, aunque en este debate siempre lleva las de perder. He aquí la arremetida de un sacerdote perodista contra esa prensa católica: Le voy a preguntar a usted cuándo ha sido la última vez que ha leído en las publicaciones católicas, algún buen artículo sobre temas como estos: Nuestro Seftor, su Divina Madre, los Angeles -sí, los Angeles, que existen, por más que algunos extremistas y liberales digan que son «mitos»-, los Santos, los Sacramentos, el Mensaje de Fátima, los problemas morales de nuestro tiempo, la necesidad de la oración y de la pentiencia, algo sobre las almas y la necesidad de trabajar por su salvación, incluida la propia. Jesucristo, las almas, los sacramentos y las devociones son ig– noradas en gran parte de la prensa católica. En muchos periódicos católicos el único sitio en que son mencionados es en la sección deportiva gracias a los nombres de los equipos que compiten durante el afio escolar parroquial, con títulos corno estos: «El Sagrado Corazón», aplasta al «San Patricio», «El Santo Rosario» pulverizado por «San José», «Todos los San– tos» bate a «Todos los Angeles», y otros de este jaez. El Arzobispo Robert Dwyer, de Portland, Oregon, remacha el clavo: Vamos a ver. Si la prensa católica, o parte significativa de ella, vuelve la espalda a su pasado para destruirlo y abandonarlo y deja mal parada a la Iglesia poniéndola en ridículo y calurnnián– dola, si opta por rebajar lo que en la tradición cristiana es decente y honorable, si se convierte en una mera agencia de difusión de las disensiones y del inconformismo, ¡por todos los santos! ¿para qué van a continuar manteniéndola los seglares católicos? Lo cierto es que algunas publicaciones que perseveran en la espiritualidad establecida y otras nuevas que procuran ser sencillamente creyentes aumentan sus tiradas en el campo juvenil y crecen a expensas de las claudicantes y modernizadas. En consecuencia: si la prensa católica no cumple sus finalidades infor– madoras y formativas cristianas y no llena sus propósitos y razón de ser 426

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz