BCCCAP00000000000000000000510

213 assisiir al entierro, han quando pueden a hazer su cumplido, ni mas ni menos que los primeros. Por esta caussa suelen durar estos lamentos, y danzas, dos y tres messes: y a vezes suelen ir familias cíe tierras muy remotas; pero los hijos, y parientes muy zercanos, perseueran vn año y mas, en sus exequias: de forma que no ay día ni noche, en que dexen de ir algun rato a cantar, llorar, y haylci' a la cassa, tierras, y sepultu- ra del difunto, y a lo menos gastaran dos ó tres horas en esto. En pa- reziendoles que ya la tierra abra hecho su oficio, y que se abra comido el cadauer, disponen vna bebida solemne de las que acostumbran: combi- dan a los amigos y conocidos, y junto con los parientes, han a la sepul- tura, y sacan tos huessos, y los hechan en una Oguera. Mientras se que- man, se bayla, y se canta cono en el entierro: luego ban a beber, y ape- nas queda alguno que no se embriague: si algunos han bebido antes de de quemar los huessos, suele hauer grandes pendenzias. 12. En zierfa ocassion sucedio vna bien graciosa, a quien podemos llamar la batalla de los huessos: pues en ella no hubo otras armas con que pelear, que los huessos de dos, ó tres Caribes; y cassi todos los concurrentes (que fueron muchos) salieran heridos y maltratados. Con- currieron hombres, y mugeres de varias partes, a quemar dichos hue- ssos, y con la gira, y algazara, que llebavan, y el calor excesivo, hicieron sed, y bevieron demasiado los mas. Luego, como estavan ocupados del vino, se empezaron vnos con otros a inquietar, sobre motivos muy li- geros, primero de palabra, y después de obra. Encendioles la colera el vino, y ayudó Satanas con sus influxos, de calidad, que apenas llegaron a la mitad del camino, para yr al sitio donde estava preparada la Ogue- ra, quando se acometieron furiosamente los vnos a los otros, maltratan- dose mucho con los huessos, y peleando con ellos, liasta que los hicieron todos menudos pedaços, y no quedó alguno que poder quemar. 13. Estos finalmente son los estilos, las Leyes, costumbres, y políti- cas destos mnissem'ablesBarharos. Otras muchas cossas se omiten, ser menos deçenres; pero sin mucho discurrir, se pueden perçibir, y al- cançar quales seran, mayormente siendo tanta su ygnorançia que en to- das las Naçiones del Orbe, no se conoce otra mayor, y adonde el de- monio vive tan de assiento. De aquí puede inferir el catholico, lá suma obligacion que tiene de ser agradecido a Dios, por haberle criado entre Christianos, adonde con tanta plenitud queda gozar de las luzes del san- to Euangelio, y de los Santos Sacramentos de la Iglessia. Y teman todos los que fueren ingratos, y desconocidos a tantos beneficios, no los casti- gue Dios, como a estos misserables, a cuya desdicha los ha traydo su in- feliçidad, en que perseveran despues de muchos siglos, que a lo menos será, desde la predicacioni de los Apostoles: en cuyo tiempo sonó su voz por todo el mundo. (Al margen. Psalm. 18, y. 4.)=Testo.=Y no se les

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz