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209 sitio, y previenen viia horca muy alta y larga. Suben a ella los graduandos y sin arrimarse a cossa alguna, les hazen passar tres vezes o mas, por el madero que atraviessa: en concluyendo la vltima vuelta, passan al me~ .dio y se dexan caer al suelo de golpe. Como la altura es tanta, y dan tan reçio golpe, de ordinario se maltratan y quedan coxos o mancos, y a ve - zes tullidos de todo el cuerpo: y es sin dada, que el no morir del golpe en- tonces consiste en mucha parte de la suma flaqueza que tienen: pues sa- len tan consumidos, que parezen vn retrato de la muerte. 13. El dia siguiente se juntan los parientes y amigos, y se solemnizan estos examenes con grande alboroto: tienen messa franca, y se bebe larga- mente a costa de los graduados. Engalananlos mucho para esta funcion Y los passean, dandoles diferentes Vítores y aclainazjones: y por vitima zeremonia, zercan al Piache Maestro, y este les dá licencia para que de alli adelante puedan exerçer su oficio, y los habilita para que puedan co- mer de todo quanto quisieren, k>spezialmente hombres, Tambien les decla- ran las cossas, que les son prohividas a los Piaches por su oficio: y assi quedan privados desde entonzes, de poder comer vacas, xavali, monos, y aves y otras cossas deste genero. Con esta prohiviçion, comen carne humaa ordinariamente y como ellos son los saçer'dotes, los sabios, y Medicos, y los demás les tienen tanta venerazion: a vista de su exeniplo, procuran todos cazar hombres para comer. Por este medio conserva el demonio esta infernal costumbre en los Carives: las crueldades que hazen con los prissioneros son horren- das, y si no es a los de su misma Ncion, a todos los demas les acometen. CAPÍTULO XXIV. Da LAS CRUJELDADES DE LOS CARIBES CON LA GENTE QUE COGEN, Y DEL MODO suPERsTIçIoso oa sus BNTIEm?os, Y EXEQuIAS, 1. La crueldad desta Nazion es tan atroz, que por manera alguna per- donan a nadie de quantos pueden haver a las manos, y aun por ser sin exeniplar el suzesso siguiente, se tubo por miraculosso (sic). Suçedió Pues, que vn Religiosso de aquellas Missiones, deseosso de recoger mas almas para Dios, salió por aquellos montes acompañado de un yndio len- guaraz de su poblazion. Llegaron a la cassa de vnos carives, y assi que estos vieron al yndio, trataron de comerselo: el pobrezillo, como les en- tendía la lengua, y perçivió la converssacion que tenían entre sí, se llegó al Religioso muy angustiado y lleno de miedo, y le contó lo que passaba. Consolole el Padre mucho, y le dixo que fiae en Dios y no terniesse, pues en premio de su buena obra, le librarla Su Magestad Divina de aquel peli-

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