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202 comenzó a liouer con samo excesso, y no zessó asta su vuelta. Re conuinole el Religiosso con su vana supersticion y necedades; pero e1 barbaro se quedo en su zeguedad, atribuyendo el efecto a varios di8per rafes, por mantener su engaño. 10. Al mismo Piache se le ofrezió de alli a pocos dias hazer otro viaje y como tienen las puertas de las cassas abiertas: para que da-1 ranfe su ausenzia nadie se atreuiesse a entrar en la suya, a trastearlelo poco que tenia, cogió un obillo grande de hilo, y la fue rodeando mu- chas vezes. Preguntado que para que hechaba aquellos hilos a su cas8a,1 respondió: que para que nadie entrase en ella, y que si alguno se aire- uiese a entrar quedaria luego tullido. Creyeronlo todos corno verdad infalible, y quedaron con tal temor, que ni aun su misma muger se atre uió a entrar. Supo un Religiosso lo que passaba, y para desengañar la gente, fue y corto los hilos, y entró en la cassa, y le revoluió ls tras• tos; pero enmedio de esso, ni la niuger, ni otro alguno, se atreuieron a entrar. Todos esperaban ver tullido al Religiosso, y admirados dj que no sucediesse lo que hauia dicho el Piache, se miraban vnos a otros; pero nada fue bastante, para apearles de su error. Por vllimo se fueron diciendo en su lengua Tuniacare: es verdad que 110 sales tullido pero en adelante lo estarás. - 11. Es cosa lastimossa, ver la zeguedad desta gente, y la fazilidad que tienen en creer disparates, y desatinos. En cierta ocasión llego vn: Piache a vna de nuestras Poblaciones, y persuadió a los vecinos del. ella, que los varones se hauian de conuerfir en mugeres, y estas en hombres. Comenzó la gente á alborotarse notablemeute sobre el casso; pero viendo el Piache el alboroto; y que podia costarle caro: los con- soló a todos, diciendo, que el sabia remedio para euitar el riesgo que les amenazaba, y que assí le pussiesen por obra luego. Rezetoles zier tas yerbas, que a el se le antoxaron, y les mando las machacasen, y que despues se las pusiesen en zierta parte, y con esse remedio, no les su- cederia nada. Luego hizo choza el Piache, y gasto la noche en sus acostumbrados enredos, y por la mañana salió diciendo; que ya esta han libres del peligro que les amenazaba. Metió en la choza algunos ramos de ciertos arboles, e hizo sobre ellos sus suertes, y hechize.- rias, cantando, aullando, y gritando, y luego los fué repartiendo a vecinos, y les mando los pusíessen sobre los techos de las cassas. 1. En otra ocassión el mismo Piache infroduxo otro enredo, tani ridículo como el passado: persuadió a los veçinos a que no comiessei Xabalfes, Venados, aves, ni de otras viandas del pays: anunciando1e8 que si probaban alguna cossa de ellas, moririan luego. Preguntaronlé la caussa, y respondió: que porque los tales animales fenian dos cora- zones. La gente lo creyó con tal vehemenzia, que no se atreuian a co-
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