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195 CAPÍTULO XX. DE LA SUMA YGNORANZIA DE LOS YNDIOS DESTA PROUINCIA ACERCA DE LAS COSSAS DE LA VIDA ETERNA, Y DE LA INMORTALIDAD DEL ALMA. 1, No parece creyble la ygnoranzia en que estas Naziones viuian, an- tes de llegar los nuestros, azerca de Dios, y de la inmortalidad del alma: pues se hallaban tan remotos de su conocimiento, que ni aun vn concepto obscuro formaban. A este tan misserable estado, les haula trahido la costumbre envegezide de sus vicios y enormidades; y esto mismo se ex- perimente, en quantos viuen de assiento en la culpa; que con ser razio- nales, y capazes de conocer amar, y seruir á Dios; se transformen en torpes vestías, y passan a ser brutos, agenos de razón y conocimiento y a oluidarse tanto de Dios, que asta su nombre lo ygnoran; y aun niegan que lo aya: Dixit_insipens in corde suo non est Deus. Psalm. 13. y. 1. 2. Pero desceiendo masn particular a la ygnoranzia de estas Na~ ziones barbaras, se ha de presuponer, como a la falda del gran zerro de Guacharo, entre ellos zelebradissimo, se mira otro mas pequeño, que ten- drá como media legua de largo. Este tiene en sus entrañas vna gruta 6 cueba tan capaz como La mayor Iglesia de España, y assi proporcionada- mente la entrada. La vez primera que alguno entra en la Cueba, se le eri- zan los cauellos, con el horror que infunde su aspecto, y con el ruido que se oye; desde lo más alto de la gruta penden muchos peñascos de estraña grandeza y forma, y mirados de abaxo, pareze se ben a caer, por su pessadumbre, y sustentarse en muy dehiles fundamentos. 3. entre estos riscos se descubren varias figuras de animales, que con el ruido y lobreguez, de le Cueba hazen paboross a su viste: a que ayuda mucho tarnbien, el eco de vn arroyo copioso de agua, que se despeñe de lo más interior, y vierte por la puerta ó entrada de la gru- ta. Pueblan sus concauidades innumerables sabandixas, y paxaros noc- turnos, singularmente los que llamen Cacas, que son al modo de ga- llinetas: destas Aves hay tanta ebundanzia, que quando salen de noche a vuscar su sustento, pareze vn diluvio, y sus graznidos vna tempes- tad de truenos: y como no cessan de entrar y salir en toda la noche, suena el eco en mucha distanzia y melancoliza los animos, que le per- ciuen. Al tiempo, y quando crían sus polluelos estas Aves, acuden mu- chos yndios de diueras partes a cogerlos: siempre llevan muchos, essi por hauer suma abundanzia, como por ser vocado regalado' y de me- xor calidad y sabor que el pichón. 4. Ázerca pues de esta Gruta, en cuya entrada están verssados los yndios, diçen solemnísimos disparates, y tienen concebidas raras su- persticiones, que les han hecho creer los Piaches, 6 Maestros de las

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