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92 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUELA juicios de Dios, no habiendo podido con razones mover a este sa- cerdote en más de ocho o nueve años, ni por el obispo poder con- seguir cosa alguna, este año pasado él mismo envió doce familias con una carta que refiere al pie de la letra: "Muy Reverendos Padres: Habiendo experimentado que los indios que había traído la miseri- cordia infinita a la luz de la verdadera fe, han sido al cabo de cuatro años, engañados del demonio, haciendo se vuelvan a los montes, he tomado por acuerdo, valiéndome de la autoridad del señor alcalde, que estos pocos que habían quedado y habiendo sabido estaban con la determinación de hacer fuga, antes que la hicieran apresarlos y que se remitiesen a V. Padre para que los remitan al Reverendo Padre Prefecto, porque dejarlos por estos territorios, experimenta- remos lo que estarnos tocando, pues sin aprieto y estando a toda su libertad y sólo al cuidado de rezar y oir misa, no he podido el con seguir su conservación, y así sólo sacándolos de donde huelan llanos, se logrará el que se mantengan; he quitádoles los muchachos porque de éstos, como no están con los resabios de los grandes, se podrá lograr el que nunca se vayan. Yo quedo con la fineza que siempre para servir a Vuestra Paternidad, y deseándoles muy perfecta salud y rogando a Dios les guarde muchos años. Pao, y agosto, quince, de mil setecientos y veinte y un años. Beso las manos de Vuestra Pater- nidad y capellán vuestro, Juan José Carrillo". 109.—Esta, señor, es la carta y juro in verbo sacerdotis estar fielmente trasladada, de donde se infiere que, si doce familias no pudo mantenerlas, cómo mantendrá la multitud que se recoge allí mientras la jornada. Repare V.M., que Dios guarde, y su Consejo Real de las Indias, cómo por cédula real está mandado que de nin- guna suerte se separen los hijos de los padres, después de muchas con- sultas que se hicieron en esa corte, y este sacerdote por su motu propio no quiere dar los muchachos que dejó en su compañía, y están los indios que son sus padres, clamando por sus hijos. He hecho representación de ello al obispo, citando la cédula real, y se ha dado por desentendido, sin quererme responder a dicha propuesta, y así será bueno que Vuestra Majestad, que Dios guarde, como lo tiene mandado, le ordene al obispo y gobernador que entregue ese eclesiás- tico las muchachas y muchachos a sus padres. Señor, como la distancia a la corte es tanta, es preciso el que en esta ocasix5n se haya de representar a V.M., que Dios guarde, y a •
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