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460 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUELA de todo con toda legalidad y verdad, sin reservar suceso alguno, como consta de las cartas de dichos señores presentes y pasados, quién pue- de poner duda que informarían lo mismo a Su Majestad, como lo tiene ordenado, sin atender a las voces del vulgo ni a sujetos de malas conciencias, so pena de haber incurrido gravemente a tan grave obli- gación, o dando crédito a los prelados, o visitando las misiones y ave- riguando la verdad que tanto importe y encarga Su Majestad. Y, pues ninguno de Vuestras Señorías ni los antecesores jamás lo han hecho, es cierto han quedado satisfechos de nuestros informes y que, lo mismo que nosotros, habrán informado Vuestras Señorías al rey nuestro señor; y pues ha sido servido de no darnos el crédito que materia tan grande necesitaba, según parece por las reales cédulas, pues muchas de ellas hablan de materias que no sólo no se han eje- cutado pero ni pasado por el pensamiento, debe de ser disposición del cielo que así conviene, o porque nosotros no merecemos la re- ducción de estos indios, o porque ellos no están dispuestos para ello. Sea lo uno o lo otro, esta misión ha llegado al fin, porque ya no pretendemos el atender a lo que toca a nuestro crédito, pues éste se consagró muchos años ha con las propias vidas a Dios nuestro Señor, y, si conviniere, Su Majestad sacará a luz la verdad, y si no, poco va en ello, como nuestro Dios sea glorificado, sino el manifestar a Vues- tras Señorías cómo todos unánimes y conformes, como ya inútiles en el ministerio de las misiones por lo referido, después de treinta y tres años de trabajo, de contradicciones, persecuciones y testimonios, como consta en los archivos de Vuestras Señorías, donde se ve haber sido procedidos con maldad y mentira, según en ellos se contiene y puede ver, y nunca pudo la malicia estorbarnos la reducción de las almas, y pues ahora lo ha conseguido, tratamos de retirarnos todos a nuestras provincias, sacudiendo el poyo de nuestras sandalias, según el consejo de Cristo nuestro Señor, pues ni aun el polvo queremos lle- var de las Indias, habiendo asistido en ellas todo el tiempo con muchas necesidades, viviendo de las limosnas no sólo para sustentarnos, sino también para mantener a los indios con reses y herramientas por ser pobres e inútiles, estimando en más las sabandijas del campo y las frutas silvestres para sustentarse que aplicarse a los sembrados por huir del trabajo y buscar la ociosidad. Ninguno que está y ha estado en las misiones puede negar esta verdad, habiendo mantenido el culto

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