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MISION DE LOS CAPUCHINOS EN LOS LLANOS DE CARACAS 459 llegó, de allí a diez días de navegación, una legua antes del pueb!o recién fundado, encontró con el Padre Fray Buenaventura huido y escondido en unos matorrales, porque los indios, embriagados y como fieras sin sujeción, lo quisieron matar. No obstante, a vista de tanto peligro, quisieron consagrar sus vidas a Dios, por ver si podían ganar tantas almas cristianas; volvieron al pueblo, bendijeron la iglesia y, aun no habían pasado veinte y cuatro horas, cuando mancomunados todos los indios, con flechas, chuzos y lanzas, embistieron para matar los Padres; se encerraron en su pobre choza, clamaron a Dios nuestro Señor, y su divina bondad les infundió tanto pavor, que, luego que se acercaban a la casa, temblaban como azogados. Un mes y ocho días estuvieron cercados, comiendo una poca harina de maíz que llevaron de matalotaje. Al cabo de este tiempo una noche se fueron al río, y, hallando una canoílla medio destrozada, y tres indios que se ofrecieron a sacarles del peligro, con ánimo de matarlos y arrojarlos al río, y siempre que lo intentaron, quedaban como embarazados temblando. Veinte días tardaron, ya por tierra, por agua hasta la garganta muchas leguas, ya por río con la canoílla, comiendo sabandijas y frutas sil- vestres. Llegaron destrozados, muertos de hambre y desnudos al hato de Don Lorenzo de Villegas, a treinta de julio de este año, quedando despoblado aquel fatal y reciente pueblo, perdidas tantas almas, pro- fanada la iglesia y violados los sagrados ornamentos, y todos los re- ligiosos misionarios totalmente desconfiados de poder ejercer su mi- nisterio, pues están ya cerradas todas las puertas para las conversiones, porque por sí solos es imposible sujetar semejantes bárbaros. Como se ha visto cada día en treinta y tres años, sólo puerta que habíamos descubierto con el resguardo de españoles se lograba el fruto, se di- lataba la misión y los pueblos; esta puerta está ya cerrada con los reales mandatos de Su Majestad, fundados con poderosos siniestros in- formes, que por justos juicios de Dios, no tuvieron lugar los legales y verdaderos, de que tenemos lastimados nuestros corazones, no sólo de la pérdida de las misiones, sino también de las malas conciencias que, sin temor de Dios ni del castigo que les amenaza de tanto daño como han ocasionado informes tan públicamente falsos, causándonos grandísima novedad, que, mandando el rey nuestro señor que los prelados de la misión den cuenta de todo a los señores obispo y go- bernador de esta provincia y habiendo dado cuenta en todas ocasiones

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