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MISION DE LOS CAPUCHINOS EN LOS LLANOS DE CARACAS 457 católico, ha sido preciso el expedir reales mandatos para atajar tanto daño como la infernal malicia ha representado y fingido con apariencia de verdad y celo, siendo lo contrario tan claro y manifiesto, que sólo el que no quiere saber la verdad, cierra los ojos, afectando créditos con las voces del vulgo y de las malas intenciones, por sus particu- lares intereses, en manifiesto agravio del servicio de Dios, de nuestro rey y de la salvación de estos miserables gentiles, sin que hayan bas- tado todas nuestras diligencias e informes hasta enviar religiosos al Real Consejo para atajar tantas iniquidades, que, como comprendidos los misionarios en ellas por falsos informes, no se les dio ningún cré- dito, logrando el común enemigo las ansias de destruir estas misiones, que desde los principios lo ha procurado. Y en el entretanto que Su Majestad determinaba lo que debíamos ejecutar, se suspendió el entrar los misionarios acompañados con los españoles habrá como tres años y medio, discurriendo los religiosos solos por esos llanos, con muchos peligros, consagrando sus vidas a trueque de reducir las almas, por no cesar un punto de nuestro ministerio, sin que bastasen las muchas experiencias que, sin resguardo y sujeción de españoles, nada se puede conseguir con tales bárbaros, excediendo siempre el celo y la con- fianza a la experiencia. Entró el Padre Fray Buenaventura de Vista- bella a las islas de Apure para poblar unos indios, y no lo pudo conseguir. Entró el Padre Fray Diego de Marchena con dos indios capitanes de los reducidos a ir donde pudo seguirlos, y de allí, la- brando una canoa, los remitió a que hablasen a sus parientes, así de los apóstatas fugitivos muchas veces como de los gentiles, y tuvieron dicha que sacaron más de seiscientas almas y muchas de ellas se les volvieron, parte en el camino y parte cerca del sitio que se les hizo el pueblo, como cuatro leguas de la villa de San Carlos, que los socorrió con cantidad de maíz y treinta y tantos toros para que comiesen mientras hacían sus labranzas; y los señores de Caracas dieron más de cien toros, novillos y vacas para el mismo efecto, y mucho hierro para proveerles de herramientas, y ha tres meses cargaron con las hachas, tacises y cuchillos ochenta indios con su capitán y se fueron, llevándose treinta y nueve cristianos, causando el dolor que deja con- siderarse. De allí a quince días tres capitanes que quedaron con toda su gente, hasta trescientas almas, tratando de seguir a los primeros, siendo los más de ellos cristianos apóstatas repetidas veces, teniendo
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