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456 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUELA mientas, todo conseguido de las lismosnas de los fieles. Todos los años, en el discurso de este tiempo, que ya unos u otros misionarios entramos a recogerlos, reducirlos y poblanos, usando de todos los medios posibles para estorbarles sus fugas, apostasías y borracheras: todo en vano, antes intentaron matar a muchos de los misionarios, en que su majestad mostró su providencia, librando a unos de los peli- gros y a otros dejándoles padecer en manos de su fiereza, haciendo pedazos al Padre Fray Plácido de Belicena porque les impedía su fuga, y al Padre Fray Miguel de Madrid con horrible veneno lo consumieron, de cuyas muertes no resultaban más que el lograr los ministros la corona del premio, y los indios empeorarse y retirarse a los montes. Viendo el prelado y demás misionarios que perdían el tiempo, sin poder conseguir cosa de cristiandad, y que cada día se les malo- graban los que recogían, repitiendo las fugas así los paganos como los cristianos, a su petición se hicieron nuevas juntas en la ciudad de Caracas con entrambos cabildos, y unánimes y conformes determi- naron la forma que se había de guardar en las conversiones: que fuesen con escolta de españoles que habían de fundarse en las misio- nes para sujetarlos e impedirles las fugas, barbaridades, borracheras y motines, y todo lo demás que consta en dichas juntas con real cédula confirmadas, estilo tan antiguo cuanto ha que se descubrió la América, no sólo encargados por cédulas reales sino también por bulas ponti- ficias, como parece en las de Adriano Sexto, Paulo Tercero y otros Pontífices Sumos, en virtud de lo cual habrá como once años se fundó la villa de San Carlos de Austria, sólo a expensas de la divina piedad, con los trabajos, persecuciones y contradicciones que sabe toda esta provincia. Con esto se aseguraron los indios que teníamos poblados, y casi todos los veranos, con su asistencia, sacábamos de los montes y ríos, así de los indios apóstatas como gentiles, y se reconocía el fruto y el aumento, reconociendo juntamente que, cuanto más se acrecenta- sen los medios de la fundación, sería más copiosa la mies de las con- versiones. Pero el demonio que no puede sufrir el bien de las almas de estos miserables destituidos de todo remedio humano, por estar con sus barbaridades casi convertidos en brutos, que sólo quien los trata podrá conocer esta verdad, ha fomentado voces insolentes, tes- timonios inicuos, que han llegado hasta el Real Consejo, y, como tan
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