BCCCAP00000000000000000000506

MISION DE LOS CAPUCHINOS EN LOS LLANOS DE CARACAS 453 todo y en especial al dicho Señor Ilustrísimo Doctor Don Diego de Baños y Sotomayor, por lo que a Su Señoría Ilustrísima amamos y veneramos como a legítimo y vigilantísimo padre, pastor de esta dióce- sis y rebaño, y de las almas de dichos indios, preciándonos los Capu- chinos de ser sus humildes capellanes, y aunque indignos, coadjutores y operarios de su merced, a cuyos pies postrados rendidamente le supli- camos que, por sus entrañas parternales, perdone los defectos que hu- biéremos tenido y admita los buenos deseos que hemos tenido de ser- virle y ayudarle en la carga de su sacrosante dignidad, solicitando no dar motivo jamás para que nos divida de su amor y devoción, como pobres que somos, cuya verdad se halla acreditada y la puede atestiguar toda esta provincia en tiempo de más de treinta años, que la habita- mos y desde que la pisó el Padre Fray, José de Carabantes, nuestro misionario, no solamente por habernos empleado en la conversión y reducción de los indios infieles, sino también en la conversión de las almas cristianas a más perfecta vida y a la frecuencia de los sacramen- tos por medio de la predicación evangélica en todas las ciudades de es- pañoles de esta provincia y asistencia a los confesionarios, ocupándose en este ministerio algunos religiosos siempre que Su Señoría Ilustrísima y sus antecesores y la sede vacante lo han pedido y juzgado por conve- niente, de que se ha sacado grandísimo fruto en servicio de Dios y bien de las almas, y en especial en las misiones que ha hecho en esta ciudad el Padre Fray Pablo de Orihuela, honrándolas con su presen- cia Su Señoría y dando a todos ejemplo, y haber acompañado dicho Padre, por orden de Su Señoría Ilustrísima, al licenciado Don Juan Díaz de Vargas, canónigo que es hoy de esta santa iglesia, cuando lo envió por visitador del obispado el año de mil seiscientos y ochenta y siete, predicando y confesando dicho Padre en los pueblos, ciudades y valles de la costa con el fruto y trabajo que es público y notorio, que todo habrá sido de aprecio en el divino acatamiento, a cuya honra y gloria se dirige todo nuestro trabajo, y de donde esperamos el verda- dero premio y la remuneración de las inquietudes, molestias, calum- nias y adversidades que por su amor y por ejercitamos en estos minis- terios el enemigo común ha procurado ejercitar contra nosotros para impedir las causas de Dios, y las recibimos y estimamos por verdadero fruto de nuestro ministerio y al fin a que nos dedicamos, cuya esperan- za y el ver que por nuestra parte hemos hecho las diligencias posibles

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz