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452 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUELA sionarios sino también con la obligación de nuestro estado y vida regu- lar, que se ha procurado denigrar con informes siniestros e injustos; y con la visita personal de dicho Señor Ilustrísimo y la de Vuestra Se- ñoría se desengañarán los mal intencionados deponiendo los dictáme- nes que han contenido algunos pocos afectos a dicha misión, para que en lo de adelante se procure alentar y enfervorizar, ayudando a los ministros evangélicos que se dedicaren a las misiones, y no se les impi- da ni embarace, como a nosotros, informando a Su Majestad Su Seño- ría Ilustrísima y Vuestra Señoría uniforme y cristianamente lo que hallaren y reconocieren de nuestros procederes, modo de vivir y de los trabajos que hemos pasado en el tiempo que ha que asistimos en esta provincia, no para que se nos premie ni estime, pues no hemos buscando más premio que el que nos tiene Dios prometido en su santo reino, sí sólo para que Su Majestad se satisfaga de cómo nuestro ánimo e intención no ha sido, es ni será otro que el deseo de la salvación de las almas por los medios posibles y proporcionados a la razón y el de obedecer a su Católica y Real Majestad en la propagación de la fe en sus reinos y dominios, y que, por servir en esto a Dios nuestro Señoi y obedecer a su Majestad y descargar su real conciencia, voluntaria- mente dejamos nuestras patrias, la quietud de nuestros conventos, sin esperanza de la utilidad ni conveniencias humanas, antes sí desesti- mando las que podíamos tener en nuestros conventos y sagrada religión, sujetándonos y sacrificándonos a habitar en los desiertos y tierras en- fermas, llenas de plagas y cuantas miserias y desdichas se pueden consi- derar contrarias a la vida humana, sin tener muchas veces otra cosa que comer que las frutas de los montes y raíces de los árboles, expues- tos a la ferocidad y barbarie de los indios y otros innumerables traba- jos. Y siendo este el medio de la caridad cristiana que elegimos volun- tariamente para más perfección e imitación de la vida evangélica y apostólica, que tanto nos encargó nuestro Padre San Francisco, nos ha rentado en mayores inquietudes y desasosiegos espirituales, obligándo- nos a vaguear en tribunales contra nuestro estado y profesión, y emba- razo del ejercicio de misionarios, hallando desfigurada la verdad con la distancia, negándosenos todo favor y ayuda, y sin que haya sido bas- tante para templar las materias el haber dado cuenta y consultado cuan- to se ha hecho y ejecutado en la misión a los señores obispo y cabildo, sede vacante, esperando sus resoluciones para la mejor dirección de

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