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440 PUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUELA criba, salimos sin dar lugar a que los émulos les pudiesen hablar para estorbarlos. Nos fuimos al río sólo con los hábitos y breviaros, porque no hubo tiempo para más; nos siguieron los amotinados y de la ba- rranca del río les hablaron para que nos arrojasen al agua; salimos con los recelos y sobresaltos que cada uno puede considerar; caminamos aquel día esperando cada instante sería el último de nuestras vidas. El día siguiente se descubrió la conjuración de los que nos saca- ban para matarnos y nos certificamos de lo que antes estaba en sólo sospecha, pues, llegando a la ranchería, se declaró el capitán de que los otros dos indios sus compañeros nos querían matar y, si bien es verdad, él no lo quería ejecutar, pero se apartó y dio lugar para que los otros los ejecutasen. Llegámoslo a conocer con mudárseles el color y ponerse a temblar, sin atreverse a dar paso y con la turbación de los compañeros, a los cuales con ruegos y amenazas procuramos disuadirlos de tan inicua pretensión, y determinaron de no matarnos sino dejarnos en la sabana y volverse. Por último, con repetidas persuasiones conse- guimos el que nos sacasen por entonces. Pasamos aquella noche sin dormir, con el recelo de tan manifiesto peligro. El día siguiente salimos y, a poco tiempo de camino, entendimos era la conversación que lleva- ban el tratar cómo echarnos en el río. Nos salimos a tierra, determi- nados a morir en la sabana, y les instamos se fuesen y nos dejasen. Fué- ronse y sobre tarde nos vinieron a buscar, ofreciendo no nos matarían y nos determinamos a volver a embarcar bien mojados. Apenas estu- vimos en la canoa, a toda prisa nos volvían a Camaguán y a poco tiempo deshicimos el camino de aquel día. Vino la noche y, habiéndo- nos rancheado, andaban muy solícitos mirando a unas partes y a otras como quien esperaban compañeros para ejecutar su intento, y prorrum- pió el capitán con estas palabras: "Caucate Pablillo: perdióse Pablillo, pues no está aquí". Pasamos aquella noche con igual temor y pensé se muriera el Padre Fray Buenaventura por falta de comida y el trabajo de estar toda la noche a la inclemencia del cielo que a porfía se desataba en copiosa lluvia. Y esta aflición y las persuasiones les movió a que el día siguien- te nos llevaran adelante, aunque se cansaron presto, entrándonos por unos caños por donde, en lugar de ir adelante, nos volvían atrás. Sal- taron sobre una barranca para cortar un palo; vi que el un bárbaro levantó la mano con el machete para darle al Padre Fray Buenaventu-

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