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426 IUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUELA derse, me parece será más del servicio de Dios y de V.M. entremos sin ruido de armas, como misionarios apostólicos, a la conversión de estos infieles, porque, de entrar con ellas, resulta el aborrecimiento de la ley y de los religiosos y hacerse más dificultosa su conversión. Y porque el idioma de estos indios guamonteyes y dazaros que ya te- nemos domésticos en la misión de Araure y Tirgua, es, señor, falto de tér- minos, pues no los tienen para poderles explicar los principales misterios de nuestra santa fe, me parece convendrá al servicio de Dios y de V.M. se les enseñe y obligue a los muchachos a que hablen nuestro castella- no: que de esa manera en menos años aprovecharán más en la fe y política cristiana; tendrán más cariño a los españoles, y los ministros eclesiásticos menos duda en la administración del sacramento de la penitencia. Y porque estos indios de Araure y Tirgua no extrañen el nuevo gobierno, me parece, señor, convendría nos quedásemos con ellos por cinco o seis años con el gobierno espiritual solamente, permitiéndonos V.M. que por el obispo y gobernador se habilite en el trabajo de estos mismos indios para el sustento de dos o tres religiosos y lo necesario al culto y adorno de la iglesia. Y porque los primeros religiosos que de orden de V.M. pasaron a aquella provincia, reconocieron ser necesario tener hospicio en la ciudad de Caracas, por asistir en ella su obispo y gobernador y consul- tar los casos que condujesen al servicio de Dios y de V.M. en la conver- sión de los infieles y para recoger en él a los religiosos que van de Espa- ña y desde allí conducirlos a las misiones y curarse los enfermos, evi- tando los inconvenientes que se siguen de que dichos religiosos estén largo tiempo hospedados en diferentes casas de seglares, fue Vuestra Majestad servido dar su facultad y licencia para que se fundase dicho hospicio, y, habiéndose ejecutado y en él vivido y dicho misa, por omi- sión del Prefecto está hoy habitado de seglares, y por parecerme condu- ce al servicio de Dios, a la quietud y regularidad religiosa y servicio de Vuestra Majestad que para dichos efectos vivan en el hospicio dos o tres religiosos, a Vuestra Majestad pido y suplico mande se habite y hospeden en él los religiosos. Y sin embargo, señor, de lo dicho, habiendo visto y reconocido el mucho fruto que han hecho y hacen los religiosos capuchinos en la conversión de aquellos indios a nuestra santa fe y reducirlos a la pací-

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