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IVIISION DE LOS CAPUCHINOS EN LOS LLANOS DE CARACAS 425 cometiendo hechicerías, amancebamientos y públicas borracheras, sin esperanza de la enmienda, por faltarles el castigo a que nosotros no po- demos faltar sin grave escrúpulo, ocasionándose de esta ocupación y administración de justicia, en que se hallan los religiosos, la falta que hacemos en catequizar a los gentiles domésticos y en adelantar nuestra predicación entre los bárbaros que nos llaman y solicitan para que les demos noticias de nuestra santa fe y pongamos a la obediencia de V.M., para cuyo efecto nos anima y ayuda el gobernador y obispo de Caracas, poniendo cuanto es de su parte para que se logre el fruto de la reduc- ción de nuestro Señor Jesucristo, y se plante la fe en los indios bárba- ros de aquel obispado y gobierno. Y por parecerme digno de representar a V.M. el que, habiendo el año pasado de ochenta y ocho salido de los llanos trescientos y cin- cuenta indios de todas edades pidiendo el santo bautismo y poblándose, como se poblaron, a la obediencia de V.M., habiéndoles faltado el bas- timento por ser población nueva, salieron treinta familias a buscar la comida, por no perecer de hambre, manifestando primero al religioso que les asistía la necesidad en que se hallaban y pedídole licencia, el Padre Prefecto Fray Pablo de Orihuela acudió de noche con los vecinos de San Carlos y prendió a todos los indios que habían quedado, entre- gando los hijos en servidumbre y rehenes a los dichos vecinos por el temor que los padres no huyesen, y, demás de parecerme, señor, materia rigurosa quitar los hijos a los padres sin haber cometido delito, y, ha- biéndose entrado de paz, pidiendo el santo bautismo y puéstose a la obediencia de V.M. sobre seguro, se sigue con la noticia de la prisión de éstos ni saldrán otros ni tendrá buen cabimiento la predicación evan- gélica. Y porque en todo, señor, obremos con maduro acuerdo, y el Prefecto de estas misiones, que es o fuere, no obre en materias graves del servicio de Dios y de V.M. con sólo la resolución de su parecer y dictamen, me parece, señor, convendría consultar con obispo y gober- nador particularmente en la fundación de pueblos y parajes por donde hubiéremos de entrar a los indios infieles. Y, reconociendo, señor, que de las entradas que se hacen con ar- mas a sacar indios, aunque vaya asistiendo a los soldados el religioso y ponga todo cuidado, resultan desórdenes graves, además de los que experimentan en diez años de esclavitud o servidumbre, que se les si- gue a los indios prisioneros, aunque no se resistan y peleen por defen-

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