BCCCAP00000000000000000000506

424 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUELA Hoy, señor, nos hallamos con cuatro poblaciones: las tres de in- dios, que tendrán dos mil y quinientas almas, y la otra de españoles, villa que se llama San Carlos, que de orden de Vuestra Majestad se pobló para sujetar dichos indios. El gobierno que tenemos, señor, en estos pueblos me tiene con estímulo de no saber si es lícito en nosotros, por tener el gobierno de la justicia real y espiritual, nombrando capita- nes, mandando el religioso prender, desterrar, azotar y condenar al in- dio a servidumbre, según el exceso de la culpa, y en el pueblo de San Antonio de Araure tienen el cepo los religiosos en su casa, a donde a su arbitrio se castiga, siguiéndose de aquí gravísimos inconvenientes, y sea el primero el que, como los indios son tan tímidos y tan nuevos en la fe, viendo que el religioso que los confiesa, los manda azotar por las cosas exteriores, pueden presumir será lo mismo por lo que oyen en la confesión. Dichos religiosos, señor, compelen a los indios por un mayordomo a que les hagan sus sementeras de maíz o algodón y que vayan por miel al monte, y a los ríos por pescado, repartiendo el algodón entre las indias para que lo hilen; y, finalmente, teniendo un hato de vacas; y aunque es verdad que de este ingreso resulta nuestro sustento, el sur- tir la iglesia y darles algunas herramientas para trabajar y algunos cal- zones de lienzo de algodón y a las indias algunas tunicelas, no obstante esto, señor, como el fin a que Vuestra Majestad nos envía, es a predicar el santo Evangelio, y la regla de San Francisco, que profesamos, nos prohibe el tener haciendas y la administración de las ajenas, y como para el manejo de todo esto no tengamos expreso orden de Vuestra Majestad ni de nuestros prelados para que en el real nombre de Vuestra Majestad lo hagamos, me ha dado notable cuidado, motivándome dé cuenta a Vuestra Majestad, suplicando a V.M. mande declararnos su real voluntad. Y, pues estos indios, señor, ha muchos años que recibieron la fe y están en población quietos y pacíficos a la obediencia de V.M. y de la Iglesia católica, me parece conviene al servicio de Dios y de V.M. que en lo espiritual los entreguemos a su obispo y en lo temporal a V.M. para que les ponga su real justicia y adquieran la política que les falta, pues en treinta años que aquí, de orden de V.M., los asistimos, poniendo todo cuidado en su educación, no se ha podido conseguir hagan sus sementeras y vistan sus cuerpos y entren en la iglesia con alguna decencia, y hoy andan tan en carnes como cuando nacieron,

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz