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MISION DE LOS CAPUCHINOS EN LOS LLANOS DE CARACAS 419 Valencia y Nírgua, de cuyos términos se sacó la jurisdicción señalada a la nueva villa de San Carlos, poblada para la seguridad de los indios idólatras que se sacan de los grandes llanos de esta provincia, que con- finan con las tierras del Perú. Los indios gayones, desde su conquista y la obediencia dada a V.M., siempre han sido vasallos de mala ley, (le ninguna voluntad a los españoles, holgazanes, amigos del ocio, in- cendiarios, no inclinados a más trabajo que vagar con el arco y flechas por los montes buscando caza para sustentarse, sin hacer labranza para mantenerse ni otra granjería. Las tierras de su naturaleza son intrata- bles, de montañas y breñas ásperas, que sólo ellos las entran, pastando a sus orillas los ganados de los vecinos de Barquisimeto y ciudad del Tocuyo, y pasa el camino real de su correspondencia y a las demás de la provincia del Nuevo Reino de Granada, con cuya ocasión y la incli- nación dañina de los indios salían para matar y comerse los ganados y robar los caminantes con algunas muertes, causa de que los dos gobernadores armasen gente para su catsigo y transportarlos a otro sitio distante: hoy se hallan en las orillas del río de Barquisimeto, tres leguas de la ciudad, agregados a una misión de los religiosos capuchi- nos, que llaman el Cerrillo de Santa Rosa, donde se les da pasto espi- ritual pero no sin olvidar su mala naturaleza, saliendo a los robos y muertes que ejecutaban de antes, aunque no con tantos daños, valién- dose de la astucia de recogerse a la misión antes de ser cogidos en los campos. Y, para que cesen estos cortos daños y no lleguen a otros mayores, será del servicio de V.M. y de la conservación de dichos indios y su salvación con la seguridad del país, pasarles al sitio donde les transportaron los dos gobernadores, que es el nombrado Araure, de la misma jurisdicción, de muchas y buenas tierras y aguas para la- branzas de frutos, sin la ocasión de ganados ni camino real, en que ejecuten su mal obrar, y que en él sus encomenderos les den doctrina y el pasto espiritual de su obligación, o que con ellos pase el mismo religioso capuchino u otro de los misionarios de dichas misiones, por la cercanía que tiene la parte donde asisten del Cerrillo de Santa Rosa a la ciudad de Barquisimeto, quitándoles de alguna venida repentina que ejecuten con su mala voluntad, repitiendo las que intentaron en lo pasado de destruir con fuego la ciudad, de que puede recelarse con inquietud pública en deservicio de V.M., que será servido mandar lo que más sea de su real voluntad y conservación de sus tierras y vasa-

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