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MISION DE LOS CAPUCHINOS EN LOS LLANOS DE CARACAS 417 las tienen muy aseadas y se esmeran con gran celo en su adorno, y siempre que se ofrece hacer misiones en los lugares de la provincia, lo ejecutan con gran caridad. En cuya consideración, habiendo venido unos religiosos para dichas misiones en el navío de registro, que llegó a este fuerte a diez de septiembre del año pasado, eché mano a uno de ellos, llamado Fray Cirilo de Onteniente, para enviarlo al valle de Araguata, que dista catorce leguas de esta ciudad, en donde, habiendo salido a la visita de aquel partido, me salieron unos indios de nación tomusas, pidiéndome les diese sacerdote que les asistiese, que querían el agua del bautismo. Procurélos agasajar y hacer experiencia de ellos y, viendo continuaban con fervor en sus deseos, con consentimiento de Don Diego de Melo Maldonado, gobernador que entonces era de esta provincia, les señalé tierras para que viniesen a poblarse. Y habien- do salido a dicho sitio algunas familias y hechos sus ranchos y venido a esta ciudad a darme cuenta dos de los capitanes de dichos indios, les despaché al dicho religioso capuchino, quien queda hoy asistiéndoles, siendo el número de casi doscientas personas, entre hombres, mujeres y niños, y con esperanza de hacerse grandes poblaciones respecto de que son muchos los indios de esta y otras naciones, que están retirados en los montes y de que han ido algunos indios de los principales a sacar algunas familias, movidos o ya de nuestra religión o ya del buen tratamiento que han experimentado. El paraje, señor, donde resolví el poblanos no sólo me pareció conveniente por la utilidad que se les seguía a dichos indios para su manutención, sino también para la segu- ridad de esta tierra, por ser el paraje de donde se tiene mas recelo pueda entrar el enemigo por la cercanía al cabo de Cudera, que es donde or- dinariamente hacen los piratas sus juntas, y hallarse fundadas muchas haciendas de los vecinos de esta ciudad, inmediatas a la población de dichos indios, con cuya unión se podrá prometer gran resistencia al enemigo, en caso que por allí acometa. De todo iré dando cuenta a V.M. en las ocasiones que se ofrecen, deseando siempre cumplir con lo que a mi cuidado ha puesto V.M., C.C.R.P. guarde Dios para ampa- ro de la cristiandad y bien de sus vasallos. Caracas, enero, 1, de 1689. Diego, Obispo de Caracas (firmado y rubricado)

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