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410 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUELA los lugares, ciudades, doctrinas y costas de la mar, siendo Dios nues- tro Señor servido que se redujesen muchos pecadores a verdadera pe- nitencia, soldando muchísimos con el santo matrimonio, que, tras de muchos años de escandalosa vida, desterrando los perjudiciales abusos, con grande enmienda de vida, frecuencia de sacramentos, pacificando muchos ánimos, enconados en discordias, restituyendo muchos las hon- ras y haciendas a sus prójimos, confesándose muchos que había algu- nos años no lo hacían, y otros revalidando muchas sacrílegas confesio- nes y comuniones, restituyéndose al rebaño de Cristo, nuestro Reden- tor, que como ovejas perdidas se habían entregado con escritura al ene- migo común de las almas, y, mediante el favor divino, han salido mu- chos de los riesgos de su perdición, y toda la provincia ha recibido este general consuelo con tan celosa visita y misión, preparadas innumera- bles conciencias y lográndose gloria al altísimo Dios, abundante- mente el católico y real celo de Vuestra Majestad, de todo lo cual más difusamente darán cuenta el obispo, el gobernador y el dicho visitador general, como Vuestra Majestad lo manda en dicha real cédula. Otrosí, no sin gran dolor de mi corazón, no puedo dejar, señor, de dar cuenta cómo hemos hallado a los miserables indios de esta pro- vincia, especialmente las encomiendas de la jurisdicción de Valencia, la de Barquisimeto, la del Tocuyo y la de Trujillo, que son tantas las opresiones, tiranías y malos tratamientos, que pueden envidiar los indios la vida de los negros esclavos, por cuya razón son muchos los que se esconden y perecen sin sacramentos, y los que asisten en las pobla- ciones, casi todo el año los tienen sus encomenderos en sus labores muchas leguas distantes de las doctrinas, siendo muchos los que vimos y tocamos, ya las manos, ya los brazos, molidos en los ingenios de azúcar, sin que nada baste para que tengan remedio estos pobres, y, como distan estas encomiendas ya menos ya más de cien leguas de esta ciudad, aunque los gobernadores despachan mandamientos, los enco- menderos que de ordinario suelen ser justicias o alcaldes, todo redun- da en agravar más y castigar a los indios y caciques que vienen a que- jarse, por cuyo temor toman por partido el sufrir muchos trabajos que aumentarle con la queja. Si V.M. no pone el eficaz remedio en que estos pobres tengan el alivio, como lo tienen en las demás provin- cias de estas Indias, se seguirán dos males muy considerables: el uno que se acabarán de consumir los indios como los de la Isla Española

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