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MI5ION DE LOS CAPUCHINOS EN LOS LLANOS DE CARACAS 389 esta materia, no sólo no lo hacen sino que nos repugnan y mortifican: no debe de estar en su mano, será divina providencia, para lo que tanto vale cueste mucho. Es bien cierto, señor, que si los gobernado- res se conformasen con nuestros dictámenes y nos ayudaren con su sombra, que las misiones tuvieran mucho aumento. Bien lo ha mos- trado la experiencia pocos días ha que, gobernando Don Juan de Padi- lla la provincia de Cumaná, habiéndose desvanecido mucha parte de las misiones de Píritu por haber dado sacrílega muerte a dos santos religiosos de la Sagrada Observancia, a cuyo cargo están, sucedien- do casi lo mismo en nuestra misión de Cumaná, con muerte de otros religiosos capuchinos, aplicó con su santo celo con tanta eficacia el hombro, como si no tuviera otro cuidado, y así Dios lo premió con el logro de haber remediado los daños, pacificado, castigado y reducido y aun aumentado el ministerio, en quien hallamos los pobres capu- chinos poderosa defensa en medio de nuestras tribulaciones y persecu- ciones, ayudando a todo lo que era el servicio de ambas majestades. Es mucha suerte, señor, encontrar con desinteresados ministros, como lo es éste y celoso de la gloria de Dios y de Vuestra Majestad, porque, como nosotros estamos totalmente destituidos de convenien- cias temporales, han menester temer mucho a Dios para acordarse de nosotros, y aun por eso deben de echar en olvido las reales cédulas que con tan católico celo ha despachado Vuestra Majestad para el fomento de las misiones y en especial para que se diese toda la forma que ha menester el dicho pueblo de San Carlos, el cual ha estado dete- nido hasta los últimos días del año pasado de ochenta y dos, sin po- der conseguir la jurisdicción espiritual y temporal que necesitaba, hasta que la sede vacante encontró acaso con una cédula de Vuestra Majes- tad, que hasta entonces había estado oculta a nuestra noticia, en cuya virtud obró la sede vacante cuanto estuvo de su jurisdicción como más largamente informará a V.M. Y siendo que está en la jurisdicción de la ciudad de Nirgua que tiene vecinos como cincuenta familias de pardos y negros y más de cien leguas de jurisdición, en la cual se pu diera fundar una gran provincia, quiere más la contradicción y la ma- licia que estén estas tierras yermas y desiertas, que no que los pobres indios que agregamos a dicho pueblo, las fructifiquen y pueblen y los españoles vecinos no tengan donde ocuparse en sus hatos y labores, contra lo que Vuestra Majestad ordena por su real cédula. Y, habiendo Vuestra Majestad despachado otra cédula el año de ochenta al obispo

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