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MISION DE LOS CAPUCHINOS EN LOS LLANOS DE CARACAS 373 de aplicar diezmos ha de haber gran rumor quitándolos de la iglesia de Nirgua, en que el cura aun no tiene 300 pesos, y no hay más que uno, debiendo por la erección ser dos, porque no se pueden sustentar. Tengo por más fácil aplicar de los de Valencia, y no sé si la parte que toca a este curato en ese sitio, ha de bastar para el sustento de cura y sacristán, ornamentos, vino, aceite y cera para esa de la nueva fundación. Deseo saber si el cura ha de ser de la Religión de Vuestra Reverendisima: que en este caso procuraría que contribuyese Valen- cia y Nirgua con la cantidad de cuatrocientos pesos, mientras Dios diese otros medios. Si ha de ser clérigo, es más difícil por las compe- tencias, que se han de levantar, y para la misión siempre es más a pro- pósito lo sea religioso. Mi dictamen es que la iglesia de Nirgua y su feligresía se agre- gase a la misión: que el Prefecto, con comunicación del gobernador y del obispo, pusiese allí cura misionario; tenía la misión en qué exten- derse. Con las limosnas, diezmos y primicias se podría sustentar como su teniente cura el que estuviese en la población nueva; no tendrían los religiosos quien los inquietase, caminarían los misionarios en su propio distrito, enseñando a aquellos pobres de una y otra población los misterios de la fe. Suplicaría yo a Su Majestad lo confirmase y tu- viese por bien; en el interín lo ejecutaría yo y con poca dificultad, porque hoy está vacante la sacristía y el cura propietario ha dos años que está en cama y se sirve por interino, y al propietario le buscaría yo congrua. Si a Vuestra Reverendísima le pareciera esto, no lo comu- nique con nadie, no se ponga en controversia. Yo paso para Trujillo y a fin de éste, paso a Carora, Tocuyo y Barquisimeto, y de allí me en- tran en la misión. Y si Vuestra Reverendísima saliere a Barquisimeto, sería de consuelo mío, para tratar estas materias y llevar las detenidas, que deseo ponerlas en perfección. La ruina que el enemigo ha causado en esta ciudad y de Trujillo, ha sido grande: que ha sido necesario fundarlas de nuevo. Sírvase nuestro Señor con todo, a quien Vuestra Reverendísima y los demás Padres pidan en sus sacrificios me dé fuer- zas bastantes, y reciban mi paternal bendición que cordialmente les doy. Maracaibo, 8 de octubre de 1680. Fray Antonio, Obispo de Caracas

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