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298 PUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUELA neral de esta dicha ciudad, capitán poblador y pocificador de los indios guamonteyes y otras naciones de los llanos de esta provincia, a cuya misión vinieron los Padres Capuchinos por orden de Su Ma- jestad, consta y parece que, estando el dicho capitán poblador en el sitio de Nuestra Señora de la Concepción de Araure, en veinte y seis días del mes de diciembre de mil seiscientos y cincuenta y nueve años liegaron a su presencia cuatro indios que dijeron, por medio de Félix Lengua intérprete, ser algunos de los caciques y capitanes de los indios guamonteyes que estaban poblados en el sitio de San An- tonio de Choro y llamarse Don Juan Negrito, Ariquiguare, Camay- cuire y Garanon, y que venían a ver el dicho capitán poblador por haberles dicho el P. Fr. Antonio de Antequera, capuchino que asiste con ellos, que estaba allí, con lo cual el susodicho parece los recibió con todo agasajo y que, por venir desnudos, les dio de vestir calzones y almillas de sarga y cuchillos, tazizes y hachas para ellos y otros indios, dándoes a entender por medio de la dicha lengua su venida, e hizo diferentes razonamientos en orden a su población y reducción a la ley evangélica y obediencia al rey nuestro señor, a que satisfacie- ren los dichos caciques y dijeron que, aunque habían dado la paz al capitán Juan de Salas, su primer poblador, que de nuevo la daban al dicho señor capitán y que estaban muy contentos con la asistencia y enseñanza de los Padres Capuchinos, y que deseaban aprender la ley evangélica, ellos y sus mujeres e hijos y todos sus sujetos para recibir el agua del bautismo: que sólo no estaban contentos en aquel sitio de Choro, que no era bueno porque se les huían muchos indios, y todo se hacía pantano y anegadizo en el invierno y que había mu- chos mosquitos, pulgas y murciélagos que picaban las criaturas y se morían; y, estando presente el P. Fr. Rodrigo de Granada, religioso capuchino, presidente de esta misión, que pareció entender la lengua de los dichos indios, concordó con lo referido y propuso y dijo al dicho señor capitán pobiador que no sólo había las causas que los dichos indios representaban de su conveniencia para mudarlos de aquel sitio y procurar otro mejor, pero que la principal era el mucho embarazo que había para la predicación evangélica, pues no querían acudir a rezar a la iglesia, así los indios grandes como los pequeños, y, que, si un día lo hacían cuarenta piezas, en más de dos meses no acudían la mitad y tal vez ninguna, y que, haciendo diligencia para buscaros, se sabía se escondían en la montaña que estaba cerca, y

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