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288 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUELA de nuestra Señor da vista para poder llevar por su amor al trabajo que de ordinario se tiene a donde llevamos. A los cinco días que llegué a la población dicha de los indios de los llanos, tuve cartas de la ciudad de Barquisimeto en que me pedían con instancia me fuese allá, y ape- nas recibí aquellas, cuando de la del Tocuyo tuve otras en que pedían lo mismo; partíme al punto solo y hallé aquellas pobres ciudades sumamente afligidas del contagio; estuve en ellas algunos días visitan- do y confesando noche y día sin poder tomar el menor alivio, siendo para mí el mayor el ganar para Dios algunas almas, a un tiempo me llamaban de muchas partes; pasé después a la de Nirgua y que, aunque libre del contagio, necesitaba de doctrina; prediqué cuatro tardes de la gravedad del pecado mortal y de la buena confesión, con que toda la ciudad quería confesarse; hice cuanto me fue posible, de tal modo que mi salida fue oculta y no sabida de los vecinos, de los cuales al- gunos me siguieron algunas leguas. Topé en San Mateo a dos de mis compañeros, Fray José y Fray Francisco, a los cuales di orden que pasasen a Nirgua, y después a Carora y Trujillo, Coro y Mara- caibo, a donde todos piden misión de Capuchinos; todo lo cual he querido referir a vuestra merced como a tan señor mío y que tiene tanta parte en nuestra venida a estas provincias, para que alabe al divino Señor, pues todo es suyo y don de arriba. Todos los hombres más graves de las religiones de estas provincias condenan a pecado mortal que los seis religiosos dichos se ocupen en la reducción de los indios, sino en la de los españoles que tienen no menos necesidad, pues, según el dictamen de San Pablo, máxime ad domesticos /idei: que se debe más en particular dar el pasto espiritual, para que no se pierdan, a los que están dentro del gremio de la Iglesia o de la fe, que a los otros, y pues para unos y para otros hay sujetos con los que han venido en las dos ocasiones, suplico a vuestra merced por la san- gre de nuestro Señor Jesucristo solicite la licencia con Su Majestad, que Dios guarde, y Consejo, para que pueda yo disponer de mis com- pañeros, el destinar los que entienda ser más a propósito para que puedan ocuparse en la predicación y confesión de los españoles, dis- curriendo de dos en dos, como hacían los apóstoles, de unas en otras ciudades, sin que en ellas puedan hacer más mansiones que las que fueren necesarias para las predicaciones y confesiones de los vecinos de ellas; en lo cual se hará grandísimo servicio a Dios, como la ex- periencia lo ha mostrado. Todo lo cual he querido representar a

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