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MISION DE LOS CAPUCHINOS EN LOS LLANOS DE CARACAS 285 vuelvo a hacer por duplicado, padecía un achaque que en esta tierra llaman "puntada", siendo un dolor en un lado o en la cabeza. Esta enfermedad fue creciendo con gran fuerza y muriendo muchos de ella y de mal curados, por no haber en esta ciudad más que un mé- dico y éste muy viejo; no haber botica, ni nada de lo necesario para la curación de los enfermos. Llegó a poner esta provincia en tal tri- bulación que, si no fuera por los Padres Capuchinos que se hallaban en ella, fueran muchos más los muertos y de éstos la mayor parte sin los sacramentos. Para el reparo de estos daños puse un hospital con veinte camas en una casa de las de la ciudad, y tres Padres Ca- puchinos para que asistiesen a los enfermos, dándoles cuanto fue me- nester; y, por ser tantos los muertos y enfermos y mucho el miedo, no había quien los enterrase; y, por evitar el daño que podía causar esto, nombré tres caballeros de esta ciudad para que sólo acudiesen a hacer enterrar los muertos, y estando ya llenas todas las sepulturas de la iglesia mayor, San Francisco y San Mauricio y San Pablo, con sus cementerios, pedí al Cabildo bendijese parte para los entierros. Y durando la enfermedad con tanta fuerza que hubo día que pasaron de cincuenta los muertos, discurrimos a los remedios más eficaces, pidiéndoselos a Dios por intercesión de su Madre y procurando es- torbar pecados públicos; sabiendo los muchos amancebamientos que había en este lugar, traté de remediarlos y son pasados de doscien- tas personas las que se han casado, y muchos que había más de cuarenta años que vivían amancebados. Y, habiendo entendido que no habían votado la Concepción, propuse a los dos Cabildos lo hicie- sen y se puso por ejecución, y desde el día que se votó, fue mejorando la ciudad y hoy queda totalmente buena, habiendo sido más de dos mil los muertos, siendo todos esclavos y indios de servicio: que espa- ñoles y criollos no han sido más que veinte. Siendo esta ciudad tan corta, se deja conocer en el mal estado que se hallará hoy, siendo cierto que casa en que había treinta esclavos, se halla hoy sin tener quien les traiga el quitasol ni quien les amase pan. En las más ciudades de la tierra dentro ha tocado también el achaque, y en la costa donde ha sido mucha la gente que ha muerto, también de servicio. De todas partes me avisan ha cesado la enfer- medad: que la mayor ha sido por no haber forma para ser curados. Quedo temiendo no cause la falta de gente que cultive los campos, el daño de padecer una grande hambre; que la cosecha del cacao que

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