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r 282 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUELA 13 Carta del gobernador de Venezuela, D. Pedro de Porres y Toledo, al rey, comunicándole su viaje, llegada a Cumaná en compañía de los misioneros capuchinos y lo sucedido en Caracas con ocasión de la peste.— Caracas, 10 noviembre 1658.— Original (AGI, Santo Domingo, 641). Señor: Luego que llegué a Cumaná, y en mi compañía los Padres Ca- puchinos que de orden de Vuestra Majestad vinieron de la provincia de Andalucía, se juntaron, en cumplimiento de la orden de V.M., con el Padre Prefecto, Fray Lorenzo de Magallón, que lo es de la misión de los cumanagotos, que había venido de la provincia de Aragón con cinco religiosos. Allí juntos conmigo resolvimos que la mitad de unos y otros quedasen en aquella provincia, y los demás pasasen a ésta y, luego que cesasen las aguas, viniese aquí el Padre Prefecto para en- trar en los Llanos, el cual luego que supo en Cumaná el achaque que se padecía en esta provincia, se vino a ella con cierto riesgo de ser prisionero, y no menos de la vida por los peligros de la mar. Habiendo llegado aquí él y sus seis compañeros, trabajaron lo que es imposible decirse; puedo asegurar a Vuestra Majestad con la verdad que debo, que no parecían hombres en lo que trabajaban sino piedras, y angeles en lo que obraban para la administración de los sacramentos y sal- vación de las almas, sin tener un instante de descanso y cargando sobre ellos todos las confesiones de enfermos y sanos en él; reducidos por sus sermones fueron infinitos los que se confesaron, no habiendo más que los Padres Capuchinos y el Provisor que acudiese a esta ocupación. Y, viéndome en tanto aprieto, les pedí que se encargasen de un hospital que pude formar con veinte camas, y con sumo gusto le tomaron a su cargo, cuidando con tal amor y caridad de los en- fermos que, siendo más de trescientos los que ha habido en él, mu- rieron los diecisiete, y de éstos los más fueron por haberlos traído de los campos tan malos que no tenían remedio. Debo decir a V. M. que, si no fuera por estos Padres, hubiera sido el daño corporal mu- cho mayor, y el espiritual tan grandes que, de los que han muerto, las tres partes fueran sin sacramento. V. M. ha hecho a esta provincia

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