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278 PUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUELA y Toledo, a quien dará el premio de esta santa misión. Y mandamos a nuestros vicarios, curas y capellanes y demás eclesiásticos, por donde pasaren, los reciban benigna y caritativamente, coadyuvando su viaje con lo necesario para pasar, y el dicho capitán Juan de Salas use con ellos de toda obediencia, amor y regalo, tratándolos como a padres espirituales, con quienes tendrá gran lucimiento su capitulación y po- blaciones, para que S.M. le haga la merced y mercedes que hacen a los pobladores y pacificadores de indios, supuesto que no puede haber aumento espiritual ni temporal sin pastor eclesiástico, y dichos reli- giosos sólo miran éste y no al temporal, sin el cual no puede vivir otro género de sacerdotes. Dada en nuestra sala capitular de la ciudad de Santiago de León de Caracas, en doce días del mes de septiem- bre de mil seiscientos y cincuenta y ocho años.— Don Bartolomé de Navas Becerra - El Licenciado Don Domingo de Ibarra.— Por man- dado de su señoría Deán y Cabildo, Juan Caldera Quiñones, secretario. 11 Carta del P. Lorenzo de Magallón al gobernador de Venezuela, dán- dole noticias del comienzo de la misión de los Llanos de Caracas.-- Población de San Antonio de Padua, 10 octubre 1658.— Copia (AGI, Santo Domingo, 641). Del río Cojedes que atraviesa por extendidos llanos, escribí a vuestra señoría algo de los trabajos que se padecieron no sólo por la fragosidad de los caminos que habemos pasado, sino de los muchos ríos y pantanos de que abunda esta provincia para ejercicio de los que estamos hechos a los buenos y llanos caminos de nuestra España. Luego que llegó la misión, aunque de paso, a la ciudad de la Valencia, fueron tantas las instancias de los vecinos de ella, así de seculares como de eclesiásticos, sobre que pasase a ver los indios que llaman del pueblo de San Francisco Solano, que, dejando a mis compañeros, pasé acompañado de cinco españoles a ver dichos indios con intento de salir al Tinaco, puesto a donde la misión me aguardase, para prose- guir nuestro viaje. Hallé en San Francisco Solano como nueve casas de indios en que había hasta cuarenta y cinco personas; gasté dos días con ellos, representándoles que gustoso quedaría con ellos un

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