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MI5ION DE LOS CAPUCHINOS EN LOS LLANOS DE CARACAS 239 o achacosos y cuantos pudieran llegar de España, o también esperar embarcación para su regreso. Dicho Procurador llevaba por igual cuanto dijese relación a los misioneros o pueblos de la provincia de Caracas, o aquellos que estuviesen en terrenos de Barinas. Al ser eleva- da ésta a la categoría de provincia por cédula del 15 de febrero de 1786, el Comandante general se creyó poco menos que en el deber de solicitar la creación de otro Procurador que atendiese a los religiosos y pueblos misionales que estuviesen en su jurisdicción, que eran los siguientes, aparte de la villa de San Jaime y San Antonio de Cocuisas, entregados al obispo de Mérida: Guanarito, Morrones, Achaguas, Paya- ro, Cunaviche, Capanaparo, Sinaruco, Bancolargo, Setenta, San Miguel del Mantecal de Caicara, Arichuna y la villa de San Fernando, sin con- tar otros que se estaban fundando. El rey pidió informes acerca de lo solicitado por Miyares al presidente de la Audiencia de Caracas y al gobernador en 1790.32 Pero, ya antes de que se recibiesen esos infor- mes, el propio Comandante general de Barinas nombró el 10 de febre- ro de 1790 para dicho cargo al P. José Francisco de Caracas, quien luego fue confirmado por el P. Prefecto, y años más tarde por el Conse- jo de Indias en 1795. El P. Caracas pasó en 1799 a desempeñar el cargo de Procurador en Caracas, mientras que el P. Francisco de Andú- jar que tenía éste, fue destinado al de Barinas. Aquí continuó el P. An- dújar hasta 1810, en que, al sobrevenir los acontecimientos políticos (le la guerra de emancipación, pasó a Guayana de donde no regresó más. 7---No puede negarse que, a vista de los resultados conseguidos y que venimos exponiendo, la misión iba adelante y progresaba. Si no eran tan positivos los resultados y las fundaciones de nuevos pueblos no eran tan numerosas, no podía en modo alguno culparse a los misio- neros. Repetidamente venían haciendo gestiones desde 1777 para que se encargase el obispo de 16 pueblos y una villa que ellos tenían a su cargo, a fin de que los religiosos que los asistían, pudiesen ser destina- dos a la reducción de los naturales y con éstos ir formando más pobla- ciones. Hemos hecho ver la insistencia de los PP. Prefectos en lograr del obispo, casi año tras año, se hiciese cargo de tales pueblos, a los que habían renunciado y entregado generosamente. Ya hemos visto lo conseguido: muy poco. Y todavía el P. José Ma. de Málaga, tras del 32. Cédula fechada en Madrid, 8 agosto 1799 (BN. de Madrid, ms. 19122/3, documento 37). 33. Pueden verse estos documentos en la BN. de Madrid, ms, citado, nn. 37-41.

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