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MI5ION DE LOS CAPUCHINOS EN LOS LLANOS DE CARACAS 159 si los misioneros hacían entradas con escolta y con mucho gasto que satisfacían los propios religiosos: que si éstos trataban bien a los indios: si los vestían: si se aprovechaban de los productos de los indios: si cuanto se recogía en los pueblos de misión se invertía a beneficio de los propios indios, etc. Las contestaciones fueron satis- factorias y muy en alabanza de los Capuchinos.30 Esa documentación fue entregada al religioso que fue enviado a España. Las gestiones de éste fueron largas y laboriosas. Antes de su regreso a la misión, el gobernador D. Gabriel de Zuloaga, al cum- plir los diez años de mando, era sustituido en 1747 por D. Luis Fran- cisco Castellanos." Este se mostró favorecedor del progreso de la misión durante los tres años que estuvo al frente de aquel gobierno, lo que igualmente hizo el sucesor D. Julián de Arriaga y Rivera, quien gobernó la provincia de Venezuela los años 1749 a 1751, y que luego se haría más conocido por su intervención en la cuestión de límites entre las posesiones españolas y portuguesas. 4. —Ya dijimos cómo el P. Miguel Francisco de Vélez había sido designado para ir a España a exponer el estado de la misión y hacer las necesarias gestiones en pro de la misma. Aparte de esos documen- tos que hemos referido, consiguió una carta de la ciudad de Caracas, muy favorable a los Capuchinos, en la que se expone al rey lo útiles que eran para la reducción de los naturales. Portador de tan valiosos informes, se embarcó en La Guaira el 15 de febrero de 1746, arri- bando a Cádiz en abril.` Ya antes de la llegada del P. Vélez el Comisario general de las misiones, P. Francisco María de Arenzano, había presentado al rey una valiente protesta en contra de las calumnias de Zuloaga contra 30. Las preguntas e informes hechos este año de 1746 se encuentran en AGI, Santo Domingo, 712. 31. No es de extrañar esta conducta de Zuloaga con los misioneros. Hombre de carrera estrictamente militar, al decir de uno de los misioneros, era competente en asuntos de su carrera pero no en otros que atañían también al gobierno de Venezuela. Sintiéndose incapaz de resolver éstos, se echó en manos de un tal Salas, enemigo declarado de las misiones, quien fue el inspirador de esas cartas acusatorias, de que arriba se habló. 32. Va fechada esta carta de la ciudad de Caracas el 22 de diciembre de 1745 (AGI, Santo Domingo, 708). El P. Vélez, secretario de la misión, fue designado para venir a España el 4 de mayo de 1745, haciendo el viaje en esas fechas.

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