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54 LOS FRANCISCANOS CAPUCHINOS EN VENEZUELA en los preparativos, sosiego y serenidad en la acción: apto tan pronto para inventar como para ejecutar: tan pronto a aturdir por Fa valentía, como a frustar los designios ajenos por la prudencia: prever y pre- venir como el hombre más tímido, atreverse y arriesgarse como el hombre más temerario; coraje de joven soldado hasta sus últimos mo- mentos, prudencia de general experimentado desde su juventud (1). Habilidad de reunir los fuertes y dividirlos: de suspender la marcha de los negocios políticos y acelerarla... He aquí el libro y la espada que con diestra mano sabia jugar. Simon vii' consilii. En efecto, mi- radio diplomático en S. James, al mismo tiempo que coronel atiende honradamente a los deberes militares. En el Gabinete inglés es reci- bido con admiración y aprecio, y a sus talentos y virtudes se debieron las primeras miradas acariciadoras de Inglaterra: mas después el ge- neral Miranda es el primero que ejercita la constancia militar del Co- ronel Bolívar. Por un revés político se ve obligado a salir del suelo patrio sin perder por esto el ánimo y las esperanzas. Sin más reco- mendaciones, sin más credenciales que su espada y el pasaporte de Monteverde que puso en sus manos el generoso Iturbe, se embarca pa- ra la isla holandesa de Curazao. Pasa de allí a Cartagena, liberta a aquel estado de una parte considerable de sus enemigos: se corona de triunfos en el alto y bajo Magdalena y en Ocaña; vuela con la cele- ridad del rayo al centro de la Nueva Granada, con titulo de Briga- dier de la unión, parte de aquel país y emprende la reconquista de su amada patria ¡Oh, valor! ¡Oh, constancia de un hombre singular! Siempre en viaje y nunca se causa, siempre en fatigas y nunca se rin- de, siempre en trabajos y no se desdice. Vigilante, activo para sofocar en su nacimiento, para destruir en su germen la semilla de la discordia; se presenta a todas partes en donde lo llaman los clamores de la paz ¡ alterada por funestas disensiones, o alarmada por movimientos tu- multuosos. Destinado para ser el pacificador de la América, la auto- ridad que el pueblo le da sobre el mismo pueblo, él la consagra a la fe- licidad de todos los pueblos. Así es que todos no tienen más que un lenguaje: allí los templos resuenan con las oraciones que se dirigen al Omnipotente para conseguir su vida y su salud: aquí las academias le cubren de elogios para inmortalizar sus virtudes; en los hermosos valles (le Cúcuta lo reciben con el mayor entusiasmo y ven con sorpresa al general Correa postrado a los pies del joven guerrero, que burló su experiencia y su táctica. Trujillo, Niquitao, Mucuchíes, Los Taguanes, Maracay y l3árbula, fueron otros tantos trofeos que orlaron su frente victoriosa. Caracas ve con admiración a su hijo predilecto, y no acaba de creer que sea el mismo que poco antes había visto con el más intenso dolor salir de su seno con el humilde y degradante aparato de un ex- (1) Judas fortis a juventute sua, sit vobis princeps militiae 1 Macab., cap. 2.

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