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MISION DE LOS PP. RECOLETOS.—CAPITULO 1 193 ' de él grandes elogios. Ocampo reedificó la ciudad con el nom- bre de Ntieva Toledo y levantó dos castillos para defenderla. En esto llegó el Licenciado Bartolomé de Las Casas con el nombramiento de Jefe poblador de Tierra Firme, expedido por su Majestad en mayo de 1520. Ocampo le entregó la pla- za y se retiró a Santo Domingo con sus soldados, que no qui- sieron quedarse con Las Casas. Este, viéndose sin gente de defensa, regresó a Puerto Rico, donde había dejado la tropa de su expedición; y, apenas se embarcó, los indios se suble- varon, mataron a Francisco Soto, que había quedado de Jefe de la plaza, y a sus soldados; huyeron los religiosos y algunos colonos, excepto Fr. Dionisio que no pudo tornar la barca por la precipitación, y lo martirizaron, deshaciéndose con esto la incipiente Misión (1). La muerte de los religiosos y el fracaso (1) Cuando los religiosos Franciscanos huyen a Cubagua, Fr. Dionisio, turbado en aquel momento, no puede o no acierta a en- trar en in canoa con sus hermanos, lo cual le obliga a ocultarse en un carrizal, donde permanece tres días en oración continuada, hasta que al fin resuelve salir y presentarse a los indios; porque habiendo entre ellos muchos a quienes había favorecido con grades obras (le caridad, esperaba tal vez que no le harían mal. Así sucede al principio, pues no sólo le reciben sin hacerle mal alguno, sino que le dan de comer du- rante tres días. "Y en todo este tiempo estuvieron aquellos infieles,—dice Oviedo y Valdés,—gastando palabras en diversos acuerdos y disputando de lo que harían de este fraile bienaventurado. Unos decían que le guar- dasen y no muriese; otros decían que con este Padre harían paz con los christianos; otros insistían en su crueldad e porfiaban que muriese. En conclusión de sus diferentes pareceres, unánimes los concertó el diablo, y pudo tanto la malicia (le un indio llamado Ortega, que se tu- beron todos a su consejo y mataron el fraile. Dixeron después los iitbos que fueron castigados por este delito, que aquellos tres días que estuvieron en sus consultaciones hasta se determinar en la muer- te (le esté mártir, siempre él estuvo en oración hincado de rodillas; e que cuando lo tomaron para executar su muerte, le echaron una so- ga al cuello y le arrastraron y hicieron mil vituperios y escarnios y le dieron muchos géneros de tormentos; y estando en su martirio, les rogó a los malhechores que le dexasen hincar de rodillas y hacer ora- ción a Dios y que orando le matasen o hiciesen lo que quisiesen dél. E así como se lo otorgaron, puesto de rodillas en tierra, quiso imitar a nuestro Reemptor y rogar a Dios por aquellos que le mataban, di- ciendo: Pater, dimitte milis, non enim sciunt quid faciunt. (Lue. XXII). Y diciendo estas sanctas palabras e otras con mucha devoción, enco- mendando su alma a Jesucristo, estando así de rodillas, le dieron tal golpe en la cabeza, que le mataron y enviaron a la gloria celestial a este beato Dionisio. Mas después que le vieron muerto, hicieron tantas bellaquerías y suciedades con este mártir, trayéndole arrastrando de tinas partes a otras que no son para escrebir". (PP. Mesanza y Carrocera, Primicias Religiosas de Venezuela, pág. 24-5. Caracas, 1925). T. m.—r. 13

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