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r pr • que cen' oso ado yan é- y el ndo 24, dia- eral que ara fica (5) n la uya ley ron el P. eros Los des- , al án- eal oza, sto- 92. cial- MISION DE LOS PP. RECOLETOS.—CAPITULO 1 191 2. El Ilmo. Sr. Obispo de Puerto Rico, Dr. Guillermo A. Jones, religioso Agustino, hizo un estudio que titula Las Pri- micias de la Iglesia en América, y comienza así (1): No bien descubrió Colón el Nuevo Mundo, la Santa Sede manifestó celo extraordinario por la propaganda de la verdadera fe entre los aborígenes. El primer eclesiástico que sin duda recibió ju- risdicción para América fué el Padre Bernardo Boíl, Francis- cano, el cual, por Bula del Pupa Alejandro VI, de 25 de junio de 1493, fué nombrado Vicario Apostólico de las islas y tierras ya descubiertas y por descubrir cii el hemisferio Occidental, como conquista de la Corona de España. Investido de faculta- des amplísimas, casi episcopales, el Padre Bojl fué comisiona- do por el Soberano Pontífice para llevar consigo a América un número de Misioneros escogidos, ya de la Orden Francis- cana, ya de otras Ordenes religiosas o del clero secular. Más adelante, trata de afirmar la personalidad del Padre ¡Jo!!, Franciscano, diferente de la del Benedictino Padre Buí!, y se expresa de este modo: No pocos historiadores sostienen que el primer Vicario Apostólico en América fué impuesto por el Rey Fernando, quien, sin querer, .o adrede, hizo que el Breve Pontificio, por el cual se nombraba al Franciscano Ber- nardo Boíl, fuera a parar a las manos del Benedictino Bernar- do Bu!!, amigo ínfimo del Monarca, y quien más tarde había de causar graves disgustos a Colón. La Bula del Papa Alejandro VI, mencionada en el párrafo aerior es del tenor siguiente: "ALEJANDRO, OBISPO, siervo de los siervos de Dios, a nuestro amado hijo Bernardo Boj!, Fraile de la Orden de Menores, Vicario de la dicha Orden en los Reinos de España, salud y bendición apostólica. Libérrimamente condescendemos a los piadosos votos de los fie- les, principalmente a los de los Reyes y Príncipes Católicos, que tie- nen por objeto la propaganda de la Religión, el aumento del culto di- vino, la exaltación de la fe católica y la salud de las almas, y cuanto es de nuestra parte, con el poder que tenemos de Dios, las favorece- mos con oportunas favores, (1) Véase "Sínodo Diocesano del Obispado de Puerto Rico", p. 160, apéndice 111; editado en San Juan de Puerto Rico en 1917.
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