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st o de ue an o, is- er e de si- có ito en- era y a u- sa gar ara ra; ble ue ue ían ron le- r el ión ero nas e el ues- dic- n la jun- ena, que FR. JOSE DE CARABANTES.—CAPITULO X 181 7. Por este tiempo la fama de nuestro venerable era ya general en España, y al tener noticia de ella el Provincial de la provincia. (le Aragón, a la cual pertenecían los PP. Cara- bantes psi' razón de origen, escribióle para que se volviese a ella, pues deseosos los Capuchinos aragoneses de que predi- cara en las ciudades de Pamplona, Tudela y otras, consiguie- ron obediencia del Rvmo. P. General para que el siervo de Dios se trasladara a predicar en aquellas Diócesis. Obedeció sin dilación a pesar de estar enfermo (le gota, e hizo el viaje a pie con muchísimo trabajo, y sucedió que en cierta población, de- seosos sus moradores de oír al hombre (le Dios, lo subieron en brazos al púlpito, y al terminar el sermón bajó sano y bueno. A pesar de esto no debió irle muy bien en su país, y se cumplió el oráculo divino de que nadie es profeta en su pa- tria, pues regresó bien pronto a Galicia para continuar allí sus tareas apostólicas, a ruegos de la Excma. Sra. Dk1 C. María de la Concepción, sobrina (le! Sr. Conde de Lemus y religiosa profesa en el Convento (le las Descalzas Franciscanas de la villa de Monforte, lá cual escribió al P. Jerónimo de Banda- lies para que le diera licencia a fin de que pudiera el santo Misionero volver a Galicia, donde tanto fruto había hecho en las almas y era venerado como Santo. Consintió en ello el Provincial y le dió patente en este sentido, comenzando la segunda etapa (le las Misiones de Galicia el año 1674, en la ciudad de Túy, en donde fueron ahundantjsjmnos los frutos que cosechó, pues concurrió mucha gente del vecino reino de ortugal; hasta (le las ciudades (le Braga y Oporto vino innu- merable concurso (le personas a oír al siervo de Dios. La Mi- sión de Piedra Fourada fué todavía más numerosa en confe- siones, de tal manera que preguntó el señor Obispo a un camió- nigo que venia (le allá si había bastante copia de confesores, y respondió: "Aunque V. Señoría mande todos los sacerdotes de la Diócesis, no darán abasto". Hasta catorce misiones hi- zo en ci Obispado (le Túy, pasando después al de Lugo, donde empezó a predicar por Monforte el (lía de la Purísima Con- cepción, obteniendo copiosísimo fruto. Lo particular de esta Misión fué que dos hombres y una mujer, heridos por la efi- cacia de la predicación del P. Carabantes, empezaron a confe- sar públicamente sus culpas, y costó mucho trabajo hacer que
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