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180 LOS FRANCISCANOS CAPUCHINOS EN la ocasión de tan gran solemnidad se podría dar gusto a Príncipe de la Iglesia, sin incurrir en las censuras de los p afectos. Predicó después otra Misión en la misma ciuda Orense y no siendo capaz ninguna iglesia, se determinó fuera en la plaza, y el señor Obispo dispuso que levant un tablado cerca del púlpito para colocarse él y su Cabi con el fin de oír los sermones del famoso Misionero, y lo mo hizo el corregidor de la ciudad que también mandó h otro para asistir en corporación todas las autoridades. Orense fué a la villa de Alleriz, y con la fama que llevab su admirable doctrina y santa conversación, concurrió exc vo número de gente de las aldeas circunvecinas (1). Pre igualmente con admirable fruto en Caldelas y en San Be de Arnoya, donde se vió la providencia de Dios, pues llov do torrencialmente todos los días, durante ci sermón, que en la plaza, cesaba de llover. De allí pasó a Santigoso, esta Misión concurrieron gentes de más (le diez leguas y chos caballeros portugueses, los cuales hicieron una cur experiencia, y fué que unos sermones oyeron tomando l inmediato al púlpito, otros más distantes, y, finalmente, otros se alejaron tanto que les parecía imposible oír pala pero fué al contrario, pues la voz evangélica del vener Padre se oía desde el lugar más remoto, y se entendía, au no predicaba en su lengua; y así sucedía en realidad, po preguntaron a personas plebeyas de Portugal que si enten lo que predicaba el siervo de Dios en castellano, y contest que comprendían como si lo hiciera en portugués. Fué bre esta Misión por el prodigio mencionado, y también p extraordinario fruto que se hizo en ella, pues en la proce de penitencia que se hizo para ponerle fin, pasó el nú de concurrentes de cincuenta mil personas. (1) Predicando en la iglesia de Santiago de esta villa, al personas fidedignas que componían el auditorio vieron que so hombro derecho del sievo de I)ios se puso una paloma blanca, y, to el pico en el oído del venerable Padre, hacía ademán de estarl tando lo que predicaba. También en otro sermón, predicado Misión (le Verin, vieron personas muy sensatas que en el púlpito to al siervo de 1)ios, estaba un personaje venerable de barba naz y que desapareció al terminar el sermón, queriendo ellos supon era Cristo Nuestro Señor.

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