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178 LOS FRANCISCANOS CAPUCHINOS EN moroso y continuo el llanto, que apenas lo dejaban predi y tenía que rogar al auditorio que se calmara (1). 6. Terminadas las Misiones en el Obispado (le Mál descansó unos días en el convento de Sevilla, y después, al menzar la cuaresma de 1668, empezó otra serie de Misio en el Arzobispado de Granada; le acompañaban su herm el Padre Alonso y dos Canónigos del Sacro-Monte. Emp ron por la villa de Iznallor, y aunque la entrada no fué halagadora, en el segundo sermón que predicó el siervo Dios fué tan viva y eficaz la emoción, cuanto lo testifica los universales llantos y gemidos de los oyentes, convirtién se todos a Dios y reconciliándose con El por medio de sincera confesión. De esta villa pasaron a la de Montegí donde fué mayor el fruto, y el más plausible de todos la c versión de un hombre que profesaba el arte diabólico d nigromancia, el cual quemó los libros y se entregó desp a la vida de piedad. En la villa de Colmera se convirtie todos los que estaban alejados de Dios, y lo mismo sucedi Moclin; de esta suerte recorrió los pueblos del Arzobisp de Granada, haciendo el bien en todas partes. Tres años gastó el V. Padre José recorriendo sin desca los pueblos de Andalucía, moviendo los pecadores a penit cia, cuando el Ilvmo. P. Comisario recibió una carta del se Obispo de Orense, pidiéndole que le mandara al P. Cara (1) De esta conmoción general nos da cuenta el mismo P. rabantes en una carta que escribió por este tiempo a1 señor Mar de Aytna, de la cual son los párrafos siguientes: Desde un luga Gibraltar escribo a Vuecencia algo de lo que se sirvió mandarme Misión. En ésta se inc ofrece decir, cómo en ella acabé el año d senta y siete, habiendo empleado dos meses y medio en el ejercici • confesar y predicar, sin que las lágrimas (le fervor y compunció los movidos por Dios en los sermones permitiera descansar, ni a cuarta parte de la noche. Pero servía de alegre y sabroso desc el ver llover las misericordias divinas, sin término ni limite, au bre los que habían vivido siempre totalmente olvidados de Ojos sí mismos; viéndoseles de repente en tan rara mudanza de vida costumbres, que se les podía aplicar las palabras del rey David, aquella mudanza era obra del Excelso", en tanto grado que apen conocían unos a otros y llegaban hasta desconocerse a sí mismos gún afirmaban muchos de ellos. .. Fuera, señor, motivo a 17. sumo gozo ver las iglesias llenas de gente de todos los estados y diciones todo el (lía; y que no salió persona alguna de ellas sin d las primero regadas de penitentes y devotas lágrimas, que vertían día en los cotidianos sermones.

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