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176 LOS FRANCISCANOS CAPUCHINOS EN Para dar obediencia al Rey de España, cavaron un en la tierra, rompieron un arco y lo enterraron, en señal de nunca más usarían armas contra los españoles. Después de tantos trabajos, debía estar ci V. P. C bantes excesivamente fatigado y sin duda para proporcio le algún alivio, el Prefecto de la Misión, Lorenzo de Magal lo comisionó para que fuera a Roma a dar cuenta de los gresos realizados en los diez años que llevaban trabajand aquella Misión; preparó la Memoria que debía present Papa, junto con el mensaje de los cinco caciques, y, des de tierna despedida de sus indios y de los Misioneros, emp dió el viaje de regreso a Europa a mediados del año 1666. gó a Roma y en presencia de los Cardenales leyó la intere te Memoria que dejamos insertada en su respectivo lugar 5. Emprendió luego el viaje de regreso, y llegando a hasta Liorna, se embarcó en un buque pequeño, que lo co jo a Génova, en cuyo puerto se hallaba un navío holand el capitán lo llevó de limosna consigo, haciéndole el gast todo lo necesario por el extraordinario afecto que tení siervo de Dios, sin cuya amable compañía no se hallab un momento. Diéronse a la vela con próspero viento; pe breve rato divisaron una fragata de moros y otros navíos sarios, que cercaron el bajel en que iba el venerable misio ro, rodeándolo por todas partes para apresarlo. Destitu como se hallaban de todo humano socorro, para defend acudieron a Dios; y de improviso apareció una niebla es sima, que no dejaba ver a dos pasos, mediante la cual pu ron librarse de las manos de sus enemigos y llegar sin novedad al puerto de Almería, donde desembarcó el P. C bantes para ir a presentarse al Comisario general (le las siones, que era su legítimo superior y estaba entonce Sevilla. Al pasar por Granada se detuvo algunos (lías para cansar en aquel convento, y predicó algunos sermones co extraordinario éxito, que su fama cundió no sólo en aq ciudad, sino también en las limítrofes, de tal manera que c do llegó a Sevilla ya habla escrito el señor Obispo de Má al P. Comisario, pidiéndole que le mandara al P. José de (1) Véase nuestro torno II, pA 46 y sigs.
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