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FR. JOSE DE CARABANTES.—CAPITULO X 175 ; ni, bí ue si nó e le no or- se, n- os a- os a- a, llí de ie- tos / a- n es ir- u so ui- ni- o: os na ue n- s, er- er- tó en una Ócasión a los caciques que debían dar obediencia por escrito al Papa y a la Iglesia y, no obstante la aversión que antes tenían a todos los blancos, sin embargo, se reunieron los caciques y acordaron complacer al santo varón, dando obe- diencia al Papa con el siguiente documento (1): "Beatísimo Padre: No cesamos (le bendecir y dar gracias a Dios Creador por habernos con tanta misericordia comunicado la luz del Evangelio por medio (le los Padres Capuchinos, que con sus predica- ciones y fervorosas fatigas nos han rescatado a nosotros y a las na- ciones a nosotros sujetas, de la profundísima ignorancia en que vi- víamos, ignorando que existía otra vida que la presente, ni que El los Sacerdotes católicos acercarse a nuestras tierras. De tal y tan deplorable ignorancia han sido causa nuestros peca- dos, y principalmente las crueldades por nosotros usadas contra los hombres, mayormente extranjeros, que fueron las que impidieron a los Secerdotes católicos acercarse a nuestras tierras. Finalmente, nuestro buen Dios quiso usar con nosotros, sus po- bres criaturas, de su infinita piedad, mandándonos algunos de sus ministros que nos descubrieran la luz de la Verdad. Estos, no buscando otra cosa que la salud de nuestras almas, con- tinúan aún al presente recorriendo nuestras montañas y selvas, con el fin de reducir a los indios a vivir unidos política y cristianamente en poblaciones, por éstos mismos con trabajo indecible ya formadas. Por obra y ministerio de los mismos Capuchinos, que trabajaron con sus propias manos, hay construidas algunas iglesias, en las cuales se celebran Misas y se frecuenta el culto divino. Entre otras cosas en- señadas por los Misioneros una es que Vuestra Beatitud tiene aquí en la tierra el lugar de Dios, y que como a su Vicario debemos profesar bediencia. C Por eso nosotros, cinco Caciques, señores de nuestras respecti- vas provincias, todos cinco (le una voluntad, humildemente postrados a los pies (le Vuestra Beatitud, pretendemos desde hoy en adelante querer vivir siempre obedientes y sujetos, suplicando a Vuestra Beatitud se digne tenernos siempre presentes en sus oraciones. En fe de todo remitimos la presente por mano de nuestro Capu- chino Misionero, suscrito y firmada en nuestras provincias de las In- dias Occidentales, a 10 de abril (le 1660. De Vuestra Beatitud humildísimos siervos y obedientes hijos, Domingo, Cacique de la nación Aragua; Gaspar, Cacique de la nación Tapies; Macario, Cacique de la nación de los Corés; Esteban, Cacique de la nación Chaima, y Cristóbal, Cacique de los Caribes". (1) Tomado literalmente de la Vida del siervo de Dios Fr. Fran- cisco de Pamplona, escrita por el Pbro. D. Diego de G. (le Quiroga y reimpresa por el P. Valenciria. "Reseño histórica" cit., t. IV. pág. 263.
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