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MISION DE LOS LLANOS Y APURE,—CAPITULO XXII 299 recursos de providencias que de consiguiente se necesiten, como por- que, estando dicho pueblo al cargo del Prefecto de dichas Misiones con los demás del Bajo Orinoco que ocupan los Jesuitas, podrá dar por sí las más prontas disposiciones que pidan los acaecidos, que son regu- lares, y que en Semejantes empresas tiene enseñada la experiencia. Así lo suplica a V. M. se digne mandarlo; porque así lo considera en Vues- tra conciencia convenir a Vuestro Rl. servicio y a Dios en el considera- ble de la salvación de las almas que se conquistan, como también a la buena harmonía y paz de las Misiones". Suplica también a Su Señoría se digne por su parte informar a Su Majestad lo que juzgue más conveniente al mismo servicio. Ji. También es constante a Su Señoría el celo verdaderamente apostólico con el que tres de nuestros Misioneros el dicho año de 1768 sacrificaron sus personas, entrando sólo con ellas a la reducción de in- numerables indios gentiles, que bárbaramente habitan en el vasto te- rreno que media entre dos grandes ríos Apure y Orinoco, cuya expio- ración consta a S. M. por las diligencias judiciales operadas en ellas; y aunque este modo de entradas, como las poblaciones (le los indios de Los Llanos, tienen varias Rs. Ordenes en contrario, motivadas por los informes que se hicieron entonces, fundadas en las experiencias de nuestros antiguos Misioneros......; pero, en atención a la mucha comprehensión y práctica experiencia de S. M., tiene considerada esta importante materia y comunicada con el Ordinario y Prefecto de las Misiones, como también determinándolo con todas aquellas reflexio- nes, que se merecen al acertado servicio de Dios y del Rey en conside- ración a la salvación de las almas: no obstante, debe hacer presente a S. M. lo que en personal visita se le informa y examinó por su propia vista. Cunavi che. El primero de dichos Padres que lo es Fr. Juan de Málaga, (le edad de 34 años y 6 de Misión, fundó su pueblo con el nom- bre de San José de Leonisa y con más de 700 indios gentiles de nación Otomacos en la boca del río Cunaviche, sitio que ellos mismos eligie- ron, y por tanto debe considerarse improporcionado para pueblo, pues los indios siempre buscan los terrenos más incultos, retirados y fragosos tanto para la facilidad de sus fugas como para la práctica de las viciosas costumbres del gentilismo. Estos indios son dueños de su voluntad y sin succión alguna; se van unos, se vuelven otros y todos en un continuo pedir al Religioso cuanto se les antoja; y si éste por su pobreza les dice no tener, dicen que los engañan y que se van de allí; por lo que es preciso no con póco dolor tolerarles muchas de sus bar- baridades a costa de imponderables trabajos, áunque para conservar la vida humana, sin recogerse al presente otro fruto que el que produ- ce el Santo Bautismo administrado a los párvulos y adultos moribun- dos, pero con la esperanza de que manteniéndose algo más civilizados

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