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MISION DE LOS LLANOS.—CAPITULÓ XVI 223 bien conocidos y apreciados, aun de los que vivían más cerca y en contacto con los Misioneros, tenemos que agregar otras penas y dolores mucho más sensibles, que llegan a lo más vivo del alma. La Sagrada Escritura dice que, cuando Dios concedió li- cencia a Satanás para tentar a Job con trabajos, dolores y an- gustias, le dijo que no tocara a su alma; a los Padres Misio- neros nada se reserva; y a las dificultades de organizar las es- coltas para sacar los indios, los trabajos que en estas jorna- das padecen, los sacrificios incalculables que tienen que ha- cer para poblanos, vestirlos y alimentarlos en las Misiones, y, sobre todo, al sobrehumano esfuerzo realizado para convertir- los en hombres civilizados y cristianos, hay que añadir la hos- tilidad y a veces la franca persecución de los mismos que es- taban obligados a protegerlos y ayudarlos en su empresa. Unas veces eran acusados con calumnias e imposturas al señor Obispo; otras al Gobernador y con frecuencia al Conse- jo de Indias y al Rey; y aunque hasta el presente hemos teni- do siempre el consuelo de sacar de esas tribulaciones mayor honra, sin embargo, no por eso dejaron dé causar gran pena en el momento de padecerlas, por venir casi siempre, o de persona que tenía el deber de ayudarnos o de otra que había- mos favorecido. Cuando el año 1650 llegaron por primera vez los Capuchi- nos a Venezuela, conducidos por el Venerable Fr. Francisco de Pamplona, se establecieron entre los indios Cumanagotos y fundaron la Misión de Piritu y otros dos pueblos; y porque Fr. Francisco quiso defender a los indios de las tropelías del Go- bernador de Barcelona, éste acusó falsamente al Consejo de Indias; y como el Venerable religioso murió en La Guaira, cuando iba a defenderse a Madrid, el Consejo, sin más infor- mes, mandó retirar a los Misioneros y volverse a España (1). Regresaron seis años después; y como el Venerable P. Jo- sé (le Carabantes reprendiera con viveza algunos vicios en una Misión que dió en Caracas, cierto personaje se dió por aludido (1) Véase en este tomo "Origen de las Misiones", págs. 28-44.

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