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AUTORRETRATO DE CRISTO 127 la gracia, la cual, como agua viva que viene del cielo, se desborda por todo nuestro interior para hacernos partí– cipes de la misma vida de Dios. Todo el que se halla en gracia, es templo del Espíritu Santo. Esta gracia tiene en nosotros su preparación, y esta preparación es la fe en Jesucristo. La fe es principio de nuestra justificación. Sin ella no somos ni podemos ser agradables a Dios. Dios, ante todo, pide en nosotros la fe eh Cristo. Pero la fe que es simple creencia no es más que la base de nuestra incorporación en Cristo. Para unirnos a Cristo y participar de su gracia hemos de entregarnos a Él, adherirnos a Él como los sarmientos a la cepa, y sólo entonces tendrá realidad lo que Él nos declara: «El que cree en Mí, ríos de agua viva correrán de su seno». Estos ríos de agua viva son las gracias y dones del Espíritu Santo, que irrumpen sobre el alma de aquel que se entrega de verdad a Cristo. Jesús es fuente de vida sobrenatural. Él, como Dios, es autor de la gracia, y como Hombre-Dios nos ha merecido esa gracia con su Pasión y Muerte. Esta es el agua que ofrece a todos los hombres para que apaguen su sed para siempre, porque es agua que salta a la vida eterna. Si alguno tiene sed, venga a Mí y beba. Estas son unas de las palabras más consoladoras que brotaron de los labios de Jesús. En ellas se cumple lo anunciado en las Escrituras. En este destierro del mundo por donde vamos peregrinando tenemos una fuente donde apagar nuestra sed. Es más fresca, más cristalina que la que hizo brotar Moisés de la roca. Aquello no era más que una figura. Aquella roca simbolizaba a Cristo, como terminantemen– te le dice San Pablo: «Y la roca era Cristo» (I Cor. 10, 4). Cristo, sin cesar, nos está ofreciendo su agua. San Juan, en su Apocalipsis, vuelve de nuevo a repetir las palabras de Jesús, que dice a la esposa: « El que tenga sed, venga, y el que quiera tome gratis el agua de la vida» (Apoca– lipsis, 22, 17). Si desfallecemos de sed en el desierto de la vida, es que nos apartamos de Cristo. En sus manos tiene cuanto

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