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232 P. BASILIO M. DE BARRAL do, los estirones rabiosos del cuero y carne blanda, culminando la farsa en un tremendo mordisco, que podríamos calificar ((de banderillasn 1 • Los dientes del brujo se clavan en la carne, rompiéndosela y abriendo una herida, por la que les hace creer que ha salido la bajana, o sea, el objeto que llevaba preparado. el cual les muestra con aire de triunfador ... He aquí transcrito, como ejemplar del género, un recital del bajanarotu: Bajana ine koroba. Muse nobaratu hu:. Yori botoboto balwt11. Yori-g11arau cliagucí-ine. Nome ji toati vori nw nasarilnma. Mu yamu nokanu. Yori bajana sabasabaya. Ji oleo obonatu vakerabitu ine. Bajana mojoka sabasaba-mo jaleare, buleate ine ... Lo que yo chupo es tabaco. Yo soy el enfermo a la gente. Yo soy el que produzco los males. Yo multiplico «mi familia» (las /Ja- [janas ). Yo te vov a «rectificar» ( curar) con la sugestión y virtud de mis pa- [labras. Yo soy de los que chupan. Yo soy quien mucho te quiere. Oh, bajana, si hay alguna «flecha» 2 , yo me la llevaré (la sacaré). 1 Haciéndole ver a un indio, Jerónimo de Jobure, lo inhumano de esta co,tum– bre, me contestó extrañado de que le dijese tal cosa: que mucho más inhumwos eran los médicos cristianos, quienes no sólo cortan y sajan a los enfermos, sino que les amputan los miembros y los abren en canal. 2 Flecha o jatabu es lo mismo que la bajana.
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