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228 P. BASILIO M. DE BARRAL dagar luego a cual de ellas responde la que está en el enfermo. Esto viene a ser como dirigir la antena radiotelegráfica para captar la onda ... Ya reconcentrado el brujo y en tensión su fantasía, se arrima al enfermo. Y así como el galeno pulsa al doliente para apreciar su grado de calentura, el joarotu le aplica sobre el pecho la mano abierta, buscando captar con el tacto la especie de joa de que se trata. Puesta la mano del brujo sobre el pecho del enfermo, con gran atención está aquél observando la sensación y los mínimos movi– mientos de la mano captadora, mientras con la memoria va repa– sando una a una todas las joas que él sabe y puede recordar. La mano del brujo está inmóvil y como muerta. Cuando, recordando las joas, siente o cree sentir en la mano cierta vibración o movimiento, es señal de que esa joa que está re– cordando es precisamente la joa que el enfermo tiene dentro. Que– da con esto captada la joa y hecho el diagnóstico, digámoslo así, de la enfermedad. Sólo resta extirparla del paciente, a fin de que éste recupere la salud. Ya dijimos que el joarotu, contrariamente al güisiratu, no pro– cede contra la joa de modo autoritario, sino más bien políticamen• te, o de un modo similar a como el encantador proced~ al domes– ticar la serpiente. Calmar la joa, mimarla, atraerla y, por este procedimiento, con– seguir que salga de su víctima: esto es lo que procura hacer el brujo por medio de sus ensalmes, los cuales vienen a ser como so– poríferos, calmantes o hechizos, que fascinan a la joa y la subyu– gan a la voluntad del mago. No vaya a creerse por lo dicho que estén excluidos de las prác– ticas del joarotu los estirones enérgicos del cuero, los cuales en este caso vienen a hacer el oficio de ventosas que, al hacer el vacío, le dejan expedito el camino a la joa, para que le sea más cómoda la salida ... Lo cierto es que durante todo el tiempo que emplea en su actuación el joarotu, no suelta ni un momento la piel del vientre del enfermo, que retiene fu~rtemente asido y en máxima tensión. Es creencia racial de estos indios que en el momento mismo en que el brujo conoce por la vibración de la mano, como queda dicho, la especie de joa que invade al enfermo, esa joa queda ya sujeta a la obojona o voluntad del joarotu por medio de una cuer– da imaginaria, como todo lo demás, rematada por un fuerte an– zuelo. Este mito conviene tenerlo en cuenta para comprender el sen– tido de ciertos ensalmes, en los cuales se habla -por lo menos
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