BCCCAP00000000000000000000461

784 LA Dl_VINA l=ASTORA Y EL BTO. DIEGO J. DE C, reza de estos habitantes, coge el estandarte de la Divina Pastora y retiré– mono~ a llorar sus pecadcs. Yo tomaré el Crucifijo, y salgamos de aquí>. L~ retirada del padre Esteban, al estilo de las del beato Diego, conmo– vió las entrañas del pueblo , que con clamor general , presidido por las autoridades , se presentó en la casa donde moraban los misioneros, pi– diendo a voces que volvieren a la iglesia a continuar la misión, pre metién– doles cambiar de vida, mejorando sus costumbres. El padre Esteban tomó el estandarte y dirigióse al templo, predicando un sermón sobre el signifi;::ado del título de la Divina Pastora, y el fruto fué tan extraordinario, que apenas quedó alguna pereona sin confesarse , se celebraron cuarenta y d~s matrimonios concubinarios y otros, que te– nían impedimento.se separaron mutuamente con edificación del pueblo (1). El caso de la misión de Giguani, en noviembre del mismo afi.o, es de otro orden. El padre Claret se hallaba en este pueblo, y de pro1iio se de– claró el cólera morbo y lla:nó a su misionero en aquella tribulación. Co– menzaba a morir la gente y el pueblo estaba aterrado. El venerable acude presuroso al lugar del peligro, asiste a los enfermos sin descanso, prodi– gándoles los remedios del alma y del cuerpo . Todos los sacerdotes y su compañero enfermaron y quedó solo para asistir a los muchísimos mori– bundos que pedían los sacramentos. Su caridad no tuvo límites: de día y de noche corría sin cesar ée un punto a otro enjugando lágrimas, confe– sando, administrando el Viático, la extremaunción , y enterrando a los muertos. Tuvo el consuelo que no muriera uno sin auxilios espiritu_ales. Organizó una procesión de rogativa y otra con la del patrón del pue– blo; pero el contagio seguía sin decrecer. Muy apenado acudió a la Divina Pastora para que remediara tanto mal. Parece que tuvo una inspiración. Desde aquel momento anunció una comunión general del pueblo con pro– cesión de rogativa, a pies- jescalzos, con el estandarte de la Divina Pasto– ra, salud de los enfermos. De más de ochocientas parejas de amanceba– dos, que había a su llegada al pueblo, faltaban unos ciento cincuenta que legitimar, que se sometieron voluntariamente a la ley de la Iglesia para poder comulgar y asistir a: acto de penitencia, en el que comulgaron unas tres mil personas. El pueb _o en masa acudió a la iglesia y, visiblemente conmovido el apóstol, lo exhortó a cambiar de vida, a reparar sus culpas y a confiar en el patrocinio de la Virgen que lo salvaría. Entregó el estan– darte a los niños, almas puras, cuyas oraciones oye Dios con agrado propicio, y desfiló la precesión por las calles, teatro de espeluznantes escenas y sembradas de cadáveres , esperando su enterramiento en un silencio sepulcral. - ¡Madre del Buen Pastor!, gritaba de vez en cuando el padre Esteban, y el pueblo, consternado, respondía: Ruega por nos– otros. Al llegar a la iglesia rezó el santo rosario y, postrado de rodillas ante la sagrada bandera, hizo un acto de consagración a la Divina Pastora , que la muchedumbre repetía con gran fe, y terminó poniendo al pueblo bajo su protección y no.mb ;-ándola su Patrona . ·¡El milagro estaba hecho! D,esde aquel instante no se dió un caso nuevo de cólera ni se registró de-: - función alguna por el contcgio (2). · · l. P. Ciáurriz, o. c., pp. 12L30. - 2. P. Estella, o. c., pp. 180-183.

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz